El bar Zuriza era uno de los pocos lugares abiertos en la mañana de ayer en Ansó. Detrás de la barra, Mari Paz, una donostiarra que cambió su Guipúzcoa natal por los montes de la comarca de La Jacetania. Está harta de que se le pregunte siempre «por lo mismo», pero, al cabo de un rato, repasa las últimas noticias relativas al brutal asesinato de Fago. «No me creo nada. Además de loco, Santiago debería haberse vuelto imbécil para hacer algo así. Que no, hombre, que no».
Cuando se le pregunta por Miguel Grima, el malogrado alcalde de Fago, Mari Paz contesta con un ejemplo en clave de interrogación: «¿Qué clase de persona puede tener 40 procesos judiciales en un pueblo de 17 vecinos?» Y añade: «Como esto continúe así, estoy segura de que alguien vendrá a rodar una película. ¿Lo que nos faltaba!». Antonio, uno de los parroquianos de Ansó apalancado en la barra del bar, se mete en la conversación. «Para mí que han pillado al sospechoso más fácil. Tampoco me creo nada de esta historia».