Fago se convirtió ayer en un lugar cargado de rumores, especulaciones y teorías conspirativas. Un día después de la detención de Santiago Mainar, que confesó su participación en el asesinato del alcalde Miguel Grima -«lo hice solo, sin ayuda de nadie», declaró a la Guardia Civil- esta diminuta localidad oscense recuperaba la normalidad a cuentagotas. En un ambiente casi polar, en el que se helaban hasta las palabras, se podía ver a unos pocos vecinos en la calle, que seguían sin hablar, y a cuatro niños -familiares de la víctima- jugar en la nieve 'escoltados' por sus padres. A pesar de la confesión del guarda forestal, que llegó después de once horas de un intenso interrogatorio, nadie en la comarca cree que lo hiciera sin cómplices. «Eso es imposible». El comentario, en boca de todo el mundo, era unánime.
El que no se cree ni una sola palabra de la declaración de Mainar es Alejandro Coloma, un vecino de Fago -de origen donostiarra- que se encarga de alimentar los animales que están en la granja del detenido. «No ha sido él. Me da igual lo que digan los demás. Después del asesinato, Santiago fue voluntariamente a Jaca para que le tomaran las huellas dactilares y le hicieran las pruebas de ADN. Se prestaba a todo, sin poner pegas. Si fuera culpable, ¿no lo habría hecho!». El próximo 22 de febrero se celebrará un pleno en el que se abordará la sucesión en la Alcaldía, que en estos momentos ocupa de forma interina Enrique Barcos.
En Fago se comenta que el pueblo estaba dividido en dos: entre los que apoyaban a Grima y los que «preferían» a Mainar. Uno de los cazadores de esta localidad del Pirineo oscense, convertida de nuevo en el centro de la crónica negra española, reconoció ayer que recibió una llamada de la Guardia Civil para que entregara su escopeta. «La tengo aquí en casa, no hay ningún problema. Lo único que quiero es que se aclare todo y que no haya dudas. Estamos marcados de por vida por este desgraciado suceso».
«Eran amigos»
Enrique Ipas, de 60 años y con un firme apretón de manos, es el alcalde de la vecina localidad de Ansó. Conocía bien a Miguel Grima. Y también a Santiago Mainar. «Eran amigos y acabaron odiándose. Los dos eran de Zaragoza, de la ciudad, y vinieron a Fago en busca de la paz, la tranquilidad, pero con el tiempo se enemistaron y su viaje acabó en tragedia». No le convence nada la tesis oficial ni tampoco la confesión inculpatoria del presunto asesino. «No le creo capaz. No lo veo. Y eso de que lo hizo solo... ¿Tiene que haber más gente implicada!». Llegados a este punto, el primer edil lanzó una nueva teoría sobre lo ocurrido, inédita hasta la fecha. «Se les fue la mano. Mis fuentes me comentan que sólo querían darle un susto, amedrentarle, pero la jugada les salió mal».
Ipas, que ha mantenido muchas reuniones de trabajo con Grima, define al ex alcalde de Fago como un hombre «vehemente y pasional». «Creo que no llegó a entender nunca la cultura popular de la zona. Al principio era un tipo positivo, con mucha energía, pero después se volvió en contra de sus vecinos». ¿Y por qué le votaron? «Hay gente empadronada que no vive en el pueblo. Fueron ellos los que le eligieron, los que no tenían que padecerle».
Teresa Garayoa es la concejala de Cultura y Bienestar Social del Ayuntamiento de Ansó. Después de todo lo que ha visto y oído, «que ha sido mucho», ya no sabe qué pensar. «Al principio no creíamos que fuera Mainar. Pero ahora, con lo que cuenta la prensa y la Guardia Civil, cualquiera se atreve a decir nada. Eso sí, no me cabe la menor duda de que hay más gente involucrada. Miguel (Grima) tenía una personalidad extrema y era tremendo con los que se llevaba mal». Enrique Ipas la interrumpe. «¿Sabe qué es lo que hacía nada más levantarse? Ver qué hacía el 'enemigo'». En la casa de enfrente.