Domingo, 4 de febrero de 2007
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Los temporales provocan el 36% de los cortes en el suministro eléctrico en Euskadi
Los hogares vascos se quedan sin luz una media de 89 minutos al año, que se supera en las zonas rurales
Los temporales  provocan el 36% de los cortes en el suministro eléctrico en Euskadi
CONTROL. Los coordinadores del centro de operaciones, atentos a las pantallas donde se reflejan las incidencias en la red. / FERNANDO GÓMEZ
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LOS DATOS
La compañía: Iberdrola tiene diez millones de clientes en España, aunque la población suministrada supera los 16 millones. Sus líneas tienen más de 219.000 kilómetros.

Zona norte: comprende Euskadi, La Rioja y Navarra, con 35.000 kilómetros de líneas y 1,7 millones de clientes (el 17,5% del mercado total de Iberdrola). Su consumo es de 23.000 GWh, el 26% del total de la compañía. Las industrias suponen el 63% del mercado del norte; los servicios, el 20%, y sólo el 17% restante corresponde a domicilios.

Incidencias: unas 2.000 al año en esta zona. Los motivos más habituales son los meteorológicos (36%), las causas internas (27%), la acción de terceros (14%) y los agentes externos (7%), con un 17% de incidentes sin causa conocida. De las provocadas por la meteorología, el 45% se debe a tormentas, el 27% al viento y el 18% a la nieve y el hielo. Como agentes externos se cuentan el arbolado y los animales.

Calidad de suministro: el indicador Tiepi mide el promedio de horas anuales que cada cliente se queda sin servicio. En la región norte es de 1,48, es decir, unos 89 minutos. La mayor exigencia legal corresponde a las zonas urbanas (el 48% del mercado, que no puede superar la hora y media) y la menor a las áreas rurales dispersas (el 1,2% del total, para el que se toleran 9 horas).

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Cuando apretamos el interruptor y no hay fluido eléctrico, nos invaden la desazón y la impotencia, igual que si Dios hubiese gritado su mandato de 'hágase la luz' sin obtener ningún resultado. Las horas sin servicio se hacen largas, eternas, y permiten ir comprobando la insólita cantidad de actividades que no podemos llevar a cabo: los electrodomésticos se convierten en muebles inútiles y, cuando llega la noche, vienen con ella las tinieblas de otra época, frías y mortalmente aburridas. Más de 4.000 hogares vascos experimentaron esta amarga sensación durante el temporal de la semana pasada y, seguramente, vivieron el retorno de la energía como un pequeño milagro. Pero no lo era, qué va: mientras duró el apagón, cientos de operarios recorrían los montes en plena nevada para reparar lo que el mal tiempo había destrozado.

«La sociedad cada vez es más electrodependiente. De cincuenta años para acá, los hogares se han ido electrificando cada vez más. Antes se hablaba de 'la luz', porque ése era el uso esencial, y se recurría a velas o candiles cuando se cortaba. Ahora, todo se paraliza», resume Fernando Llanera, director de distribución de Iberdrola para la zona norte (Euskadi, La Rioja y Navarra).

A la vez que aumentan las repercusiones de cualquier fallo, se han elevado también las exigencias de los clientes, que se indignan al ver cómo se trastocan sus rutinas cotidianas. La empresa eléctrica comprende esta reacción lógica, pero también tiene la impresión de que los ciudadanos no siempre se hacen cargo de las dificultades: «La sociedad no suele conocer lo que hay detrás del enchufe, muchas veces ni siquiera sabe que la energía que consume ha recorrido cientos de kilómetros hasta llegar a su casa», lamenta Llanera.

35.000 kilómetros

Iberdrola tiene 1,7 millones de clientes en los 690 municipios de la zona norte, a quienes distribuye la electricidad a través de más de 35.000 kilómetros de línea. Esta red se gestiona desde el 'centro de operación de distribución', donde 210 trabajadores se turnan para responder a todos los imprevistos. Vienen a ser como la araña que detecta las vibraciones de un insecto en cualquier punto de su tela, pero con un sofisticado sistema informático que les permite identificar el tramo donde se ha producido el problema, visualizarlo en pantalla e incluso activar interruptores en toda la red.

La zona norte registra anualmente unas 2.000 incidencias, de alcance muy variable: algunas afectan a un solo cliente, otras a barrios enteros; las hay que duran minutos y que se prolongan durante horas. Y la causa más habitual, en el 36% de los casos, es la meteorología. En días de temporal, la calma tecnológica del centro de control se convierte en un sinvivir, como si la borrasca se hubiese colado en la sala.

Entre el miércoles y el jueves de la semana pasada, se produjeron en Euskadi y Navarra unas cuarenta incidencias. La mayoría se ubicaban en la zona negra del plano: los tendidos eléctricos se ven en el ordenador como líneas de colores vivos que forman tupidas marañas en las ciudades, mientras que los montes quedan como un vacío atravesado por alguna raya solitaria, de apariencia vulnerable. Ahí es donde el temporal hizo de las suyas. «En la zona urbana, puedes reponer el servicio sin necesidad de reparar porque hay doble alimentación, pero en las áreas rurales es imposible», comenta la responsable de Planificación y Organización, Ana Lafuente. Mientras los afectados por el apagón empezaban a maldecir por su vuelta al medievo, Iberdrola movilizaba a los operarios de campo, un equipo de 360 personas que se puede reforzar con entre 300 y 500 trabajadores de contratas.

Estas brigadas asumen la tarea de supervisar el tramo afectado hasta identificar el problema. Para ello han de internarse por carreteras de montaña y pistas forestales en lo más crudo del temporal, cuando incluso las autovías plantean dificultades para circular. «Nuestros todoterrenos no son del Dakar, pero sí aptos para ir por pistas con gran volumen de nieve. Lo que ocurre es que las instalaciones no están al lado de la carretera: después hay que andar sobre la nieve virgen, a menudo con raquetas, en busca del origen de la incidencia», detalla el responsable de Mantenimiento, Guillermo Allende. En parejas y cargados con kilos de material, los operarios van siguiendo la línea eléctrica, que muchas veces resulta casi invisible en la ventisca. Cuando dan con el problema -un árbol arrancado, unos tendidos que se han venido abajo, un poste de cruceta virado por el viento- emprenden una reparación dificultosa, manejando cables que han triplicado su grosor a causa del hielo.

Dos excavadoras

La compañía hace hincapié en que, pese a la complicada orografía de la región y a la dispersión de los caseríos, la zona norte obtiene los mejores índices de calidad del suministro. Como media, los usuarios vascos, navarros y riojanos sufrieron en todo 2005 unos 89 minutos de interrupción del servicio, incluidos los debidos a cortes por mejoras en la instalación. Frente a esa hora y media anual, el conjunto de Iberdrola superó los 100 minutos y el resto del sector eléctrico español rondó las dos horas y media. Seguramente, estas cifras nublarán aún más el ánimo de los residentes de áreas rurales que han sufrido largos apagones, pero en las ciudades el promedio anual por cliente no llega a una hora. La propia legislación española establece exigencias dispares según el tipo de poblamiento: en las áreas urbanas, no tolera que se rebase la hora y media, mientras que en las comarcas dispersas eleva el límite a nueve horas.

Los responsables de la compañía destacan que, en un «temporal muy fuerte» como el de días pasados, se quedaron sin luz un máximo de 4.500 usuarios, lo que supone una proporción muy reducida de la clientela total. Este mismo jueves por la mañana, dos excavadoras rompieron sendas conducciones eléctricas en Zestoa y Orduña y dejaron sin servicio a una cantidad similar de hogares. Eso sí, en esta ocasión, la tarea de localizar la avería ya se la dieron hecha a Iberdrola y nadie tuvo que salir al monte.

 
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