Una de las funciones del matrimonio (civil o canónico) en cualquier lugar ha sido la legitimación de la prole. A la vista de las cifras sobre hijos extramatrimoniales, que ya gozan de todos los derechos, es evidente que ha dejado de cumplirla. A menos que se empiece a considerar que una pareja estable y consolidada es socialmente un matrimonio, como apunta María Silvestre.
Así lo entiende también Mikel de Viana, profesor de Teología en la Universidad de Deusto y especialista en asuntos de familia. A su juicio,«el matrimonio institucional puede dejar de ser la única fuente de legitimidad para la descendencia», pero al tiempo las parejas de hecho son con frecuencia un «matrimonio a prueba» que desemboca en un matrimonio a secas, o la vía de organización de la convivencia para quienes han salido de un divorcio.
Viana no está tan seguro de que de las cifras se derive que buena parte de los hijos ya no recibirá en casa una formación católica. En este momento, sólo la mitad de los hijos nacen en España en el seno de una pareja casada por la Iglesia. Sin embargo, no es extraño, sobre todo en algunos lugares, que «la transmisión de la fe se haga en la familia, y al margen de la institución matrimonial», lo que llevaría a un vaticinio no tan pesimista para la Iglesia de lo que los datos sobre nacimientos extramatrimoniales parecen apuntar.