El éxito del museo Guggenheim resulta incuestionable y Juan Ignacio Vidarte ha sido desde el comienzo su pieza clave. Las cifras así lo certifican: diez millones de visitantes que han situado a Bilbao en el mapa mundi y generado una sustanciosa riqueza para el País Vasco. Un milagro para una ciudad que apostó por un proyecto tan económico como cultural para recuperarse de la crisis industrial de los años ochenta. Hoy encarna, además, la profunda integración de Bilbao en la 'galaxia Guggenheim', que dirige Thomas Krens, en un delicado equilibrio entre lo público, representado por las instituciones vascas, y la privacidad de la marca neoyorquina.
-Acaban de adquirir un ciclo completo de pinturas de Cy Twombly, 'Discurso de Cómodo', por unos 20 millones. Es la compra más costosa del museo y lo anuncian como con pudor, como si no estuvieran seguros de ella.
-¿Pudor? No. Es una compra extraordinaria para el museo. Quizá no hemos hecho suficiente énfasis en ella, aunque otras veces se nos acusa de lo contrario. zuna adquisición histórica para la colección del museo. Era una oportunidad única que hemos aprovechado.
-¿En qué sentido?
-Es una obra histórica de Twombly, la primera de las grandes series que realiza, y sólo se ha mostrado una vez, porque siempre ha estado en las manos de un coleccionista. Cuando decide ponerla a la venta, diversos museos e instituciones se interesan al mismo tiempo por ella. Me alegro de que hayamos sido nosotros los compradores.
-¿Cómo se produce la operación? ¿Quién piensa que interesa mucho para la colección?
-Nuestra idea con Cy Twombly viene de hace diez años. Siempre le hemos considerado como uno de los artistas fundamentales para la colección del museo, debido a su importancia en el panorama de la segunda mitad del siglo XX. Además, es estadounidense pero su carrera la ha desarrollado en una especie de autoexilio en Europa, y en el discurso de nuestra colección uno de los elementos clave es la relación entre el arte europeo y el norteamericano. En los años 96-97 tuvimos en la mano una gran obra suya, pero en el último momento el vendedor tuvo una oferta por un precio mayor.
-¿Cómo se compra la obra de Twombly, cuyo costo supera varias anualidades del Gobierno y la Diputación? ¿Han tenido quizá que pedir un crédito?
-Se compra con cargo a esos fondos. Las instituciones se manejan con planes cuatrienales y se gasta dentro de esos límites. No es necesario gastar cada fondo anual dentro de cada ejercicio. En estos momentos, no sé si quedará algún pico del fondo del año 2008.
-Hasta ahora se han gastado entre 90 y 100 millones de euros.
-Hasta 2007, en torno a 90 millones.
-¿Incluida la operación Twombly?
-Sí.
Ritmo inversor
-¿Por qué este ritmo de inversión y hasta cuando? ¿Es quizá un aspecto contemplado en los acuerdos con Nueva York a veinte años?
-Sale de la decisión de las instituciones de dotarnos de una colección que sirva al museo para ser una institución de referencia en el campo del arte de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI. El origen está en un punto del acuerdo con la Fundación de Nueva York de 1991-92, por el que las instituciones vascas se comprometían a destinar en los primeros cuatro años, para compras, creo que unos 50 millones de dólares. Ése era el único punto comprometido. Luego ese compromiso se ha mantenido en otros dos cuatrienios, y ahora estamos acabando el tercero.
-En vista de que quienes deciden las compras aquí no son expertos en arte, existe la sensación de que se invierte según los gustos de la Fundación Guggenheim de Nueva York. ¿Usted qué opina?
-Es una pregunta bastante curiosa, porque la política de adquisiciones de los museos las deciden los propios museos. En este caso es el Guggenheim Bilbao quien define una política de adquisiciones que, para materializarse, necesitan de la aprobación de las dos instituciones públicas que las financian. Este museo tiene la particularidad de contar con la Fundación Guggenheim de Nueva York y las propuestas llegan debidamente consensuadas. De todas formas, para las compras contamos también con la opinión de expertos externos. Esto es lo que les da la garantía de coherencia y validez. Tampoco veo que esto sea muy diferente de lo que pasa en otros museos, si se exceptúa nuestra asociación con la Fundación Guggenheim de Nueva York, lo cual es una característica esencial de nuestra naturaleza.
Dinamismo
-¿Veremos algún día desplegada la colección propia entera?
-El museo podría hoy llenar todas sus salas con la colección propia. Y probablemente alguna vez habrá que hacerlo. Es un gran logro haber configurado ya una colección, todavía un tanto embrionaria, aunque ya tiene un peso específico. Pero no me gustaría transmitir un mensaje equívoco. Este museo, como ha dicho Umberto Eco, es un museo dinámico, no un mausoleo, y no sólo porque acoge exposiciones temporales, sino también porque presenta su colección -la propia y las de otros museos Guggenheim- de manera cambiante. Entendemos que así aporta más.
-El museo no acaba de tener una programación muy clara. ¿Por qué no muestran más la colección permanente y las colecciones históricas de Nueva York y Venecia, y organizan menos exposiciones temporales de impacto?
-No comparto lo que dice. Yo creo que tiene una programación muy clara y muy atractiva, y que lo refrenda el hecho de que el museo vaya a tener diez millones de visitantes al cabo de sus diez primeros años de vida. Muchas de las exposiciones son tomadas como referencia en el ámbito internacional. ¿Por qué no más colección permanente? Porque el espacio del que disponemos es un 30% menor del que nos hubiera gustado tener. Por otro lado, presentamos un programa equilibrado de exposiciones temporales para que todos los años podamos tener el nivel de visitantes del que estamos hablando. No hay otro misterio.
-Pero esto significa que este museo está muy guiado por la necesidad de atraer público y conseguir unos objetivos económicos.
-Los objetivos son múltiples. Pero comercial, por desgracia, no es nada de lo que hace el museo. Y digo por desgracia, porque ya nos gustaría ganar dinero. Eso es lo comercial. Pero el museo pierde dinero. Esto hace que las instituciones tengan que aportar cada año una cuarta parte del presupuesto, y no queremos que aporten más que eso. En este museo no tenemos ninguna mentalidad comercial, ¿cero! Nuestros objetivos son educativos, de acercar la cultura a los visitantes, y de excelencia en cuanto a lo que hacemos. Desde el principio se pretendió hacer un museo de referencia y para serlo debe tener una notable afluencia de público. Pero esto no son objetivos comerciales: son sólo objetivos.
-¿Entonces, por qué no introducir el día semanal de entrada gratuita?
-Pues por varias razones. Si el objetivo de tener un día gratuito es que nadie deje de venir como consecuencia del precio de la entrada, me parece que en nuestro caso no es la manera más inteligente de hacerlo. Tenemos un programa de amigos del museo enormemente ventajoso desde el punto de vista económico. Por menos de un euro y medio al mes, en las categorías más económicas, se puede venir al museo todas las veces que se quiera e incluso beneficiarse de los programas que el museo desarrolla para ellos. Sin embargo, si tuviéramos un día gratuito a la semana, lo que conseguiríamos, dado que el 90% de nuestros visitantes vienen de fuera, sería beneficiar a personas que en realidad no lo van a valorar. La entrada supone un gasto mínimo en sus viajes. Nada es gratis, y si un día a la semana no se cobra, entonces lo pagarán todos los contribuyentes.
Razones políticas
-Para este año barajaban la posibilidad de contar con el 'Guernica' de Picasso. ¿Siguen pendientes de los movimientos políticos realizados por las instituciones vascas para traer el cuadro?
-El museo no participa en movimientos políticos, lo que pasa es que es evidente para todo el mundo, salvo para quien lo quiere negar, que en el préstamo del 'Guernica' concurren razones que tienen que ver con la política. Pero son cosas diferentes. Nosotros esta vez no hemos hecho ninguna solicitud de cesión temporal del cuadro, como hicimos en 1996; hemos dicho que el décimo aniversario era una nueva ocasión histórica para que algo que entendemos que pueda ser factible se produjera. Creemos que las condiciones ahora no son las mejores para que venga el 'Guernica' y no lo hemos incluido en nuestra planificación de actividades.
-Sin embargo, hay una petición del Parlamento vasco, que pretende condicionar la capacidad de decisión del patronato del Reina Sofía, que acaba de decir que la obra no está para traslados. Y no parece normal que un museo mantenga expectativas con la colección de otro.
-La expectativa del museo no tiene nada que ver con ese acuerdo del Parlamento vasco. Es anterior, viene del año 96, porque nos parece de sentido común pensar que un día ese cuadro, una de las obras más importantes del arte del siglo XX, pueda estar aquí en un contexto adecuado y dentro de una presentación extraordinaria. Yo creo que es razonable. Nosotros no cuestionamos quién lo tiene que decidir.
-Con la expansión del Guggenheim, ahora a Abu Dhabi, ¿no se corre el peligro de que no haya fondos interesantes de sus colecciones para todos y que estén menos disponibles para Bilbao?
-La expansión debe ser controlada y responder a los intereses del conjunto de la organización y, por supuesto, del museo de Bilbao. De ahí que los proyectos que se materialicen nunca serán muchos. Hoy se plantea uno en América Latina -la posibilidad de Guadalajara, en México, en compás de espera-, y el proyecto de Abu Dhabi, de una enorme dimensión, y no sólo por lo que implica para el Guggenheim, cuyo museo tendría unas dimensiones parecidas al de Bilbao...
-La instalación de Richard Serra funciona realmente entre el público.
-Ese conjunto escultórico es una de las contribuciones del museo a la historia del arte del siglo XX. El público interactúa con él perfectamente; como dice Serra, lo importante no son las chapas sino los espacios que crean.