Domingo, 4 de febrero de 2007
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La Justicia suiza dice que se puede ayudar a un enfermo psiquiátrico a morir
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El Tribunal Federal de Suiza ha establecido que un enfermo psiquiátrico puede recibir asistencia para morir, aunque no lo ha admitido como un derecho y ha pedido la mayor prudencia frente a esos casos, según una sentencia hecha pública ayer.

El fallo reconoce el derecho fundamental de recibir asistencia para morir siempre y cuando la persona tenga plena capacidad de discernimiento, lo que puede suscitar dudas en el caso de un enfermo mental. No obstante, los jueces admiten que una persona puede sufrir una patología psiquiátrica y, a la vez, ser capaz de evaluar claramente su propio estado y, como consecuencia, recibir una ayuda para el suicidio. En esa situación consideran imprescindible mantener una gran vigilancia en torno a ese tipo de pacientes y someterlos a una evaluación psiquiátrica.

La sentencia del Tribunal Federal se basa en el caso de un hombre de 53 años que sufre un grave transtorno bipolar y considera que continuar viviendo es «insoportable». Por esa razón, reclamó a las autoridades del cantón de Zúrich, donde reside, así como a la Oficina Federal de Salud Pública, la autorización para adquirir la cantidad necesaria de una sustancia letal, por mediación de la asociación de asistencia al suicidio 'Dignitas'.

Las autoridades competentes rechazaron su petición, tras lo cual el enfermo se dirigió al Tribunal Federal, que tampoco le dio la razón al considerar que «el derecho de los ciudadanos de disponer libremente de sus vidas no implica una obligación del Estado de poner a su disposición los medios para su suicidio».

Por el contrario, los magistrados recalcan en su sentencia que solicitar la ayuda y obtener la autorización de un médico constituye una medida que concilia «el deber del Estado de proteger la vida de sus ciudadanos y el de respetar su autonomía».

En esa circunstancia, el médico está cualificado para garantizar que su eventual intervención respetará las reglas éticas, que no tendrá lugar en un momento de debilidad o desesperanza del paciente y que su voluntad de morir no está influenciada por la patología que sufre.

 
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