La candidata socialista a la presidencia de la República Francesa, Ségolène Royal, es el espejo en el que muchos se miran. Ella vive desde hace 25 años con el padre de sus cuatro hijos sin haber pasado por el Juzgado ni la iglesia. No es ni mucho menos una excepción: en Francia, según datos provisionales ofrecidos por el Gobierno galo en su web, nacieron el año pasado por primera vez más hijos fuera del matrimonio que dentro de él.
Hay más casos: Estonia y Suecia ya superaban ampliamente ese 50%; Letonia, Dinamarca y Eslovenia están en torno al 45% y el Reino Unido y Finlandia rebasan el 40% según datos de 2004 que sin duda hoy serán más altos.
El fenómeno crece a un ritmo tan elevado, en especial en países como España, que todo parece indicar que la Unión Europea en su conjunto puede llegar en un plazo no muy largo a una situación de práctico empate entre hijos matrimoniales y extramatrimoniales.
Un dato curioso es que los países tradicionalmente más católicos no están en los últimos lugares de la tabla. No lo está España, con su 26,6%, ni mucho menos lo está Irlanda, con el 32,3%, ni Portugal, con el 29,1%. No hay datos de Bélgica, pero Austria, donde el peso del catolicismo ha sido notable, se acerca al 36%. Sólo Italia, con una tasa que es apenas la mitad de España, y Polonia, con el 17,1%, presentan datos que resultan bajos en el contexto europeo pero que sin duda son elevados para lo que registraban hace unos pocos años. Los cambios legislativos que sobre esta materia se han producido en todas partes a partir de los sesenta explican en buena medida lo que está sucediendo.