Domingo, 4 de febrero de 2007
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TELEVISIÓN

CRÍTICA DE TV
Ariel
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La reconstrucción de las mañanas de Antena 3 ha sido uno de los proyectos más ambiciosos de nuestra pantalla en los últimos meses. La matinal de esta cadena ha parecido irrecuperable durante varias temporadas consecutivas. Ahora hay que resucitar al cadáver. Será un trabajo largo, porque los hábitos de la audiencia no se cambian de un día para otro. Pero, en todo caso, el reto nos está dejando cosas interesantes, no siempre para ver, pero sí para comentar.

Nos ha venido un informativo-magacín de buen estilo que es el nuevo 'Espejo público'. También una reedición de 'Quién sabe dónde' en formato breve que se llama 'Los más buscados'. Y además, para completar la mañana, un programa de cocina que se titula 'El toque Ariel'. Ariel es un cocinero argentino que allá tiene mucha fama. Simpático, movido, un punto afectado, con ademanes de artista, una mímica atractiva y una evidente soltura ante la cámara; un showman de buen nivel.

La verdad es que Ariel tiene poco que ver con los cocineros de producción nacional, Arguiñano o Andrés, que construyen su papel sobre el patrón típico del jefe de cocina; el argentino comparece más bien como una mezcla de mago y mecánico que junta cosas y hace surgir una exquisitez, como MacGyver cuando construye acueductos con una goma y dos palillos.

Verdaderamente, uno no sabe muy bien si con este caballero se aprende a cocinar. Sus platos son complejos. Las recetas llevan trabajo. Los ingredientes requieren tiempo, tanto para comprarlos como para elaborarlos (¿quién tiene tiempo para desollar varios calabacines a tiras regulares?). Después, la elaboración en antena se hace demasiado apresurada; quizá, precisamente, porque platos tan trabajados requerirían mayor tiempo de explicación, como la salsa con berenjenas y nata del otro día. Además, el resumen tampoco cubre todas las fases de elaboración, de manera que quien llegue al programa tarde o después de un zapeo se encuentra con huecos que no sabe cómo cubrir.

Ahora bien, si no es fácil aprender a cocinar de esta manera, de lo que sí estamos persuadidos es de que con Ariel mantendremos la línea. Su entrada en el plató es propiamente la de un monitor de aerobic, con saltitos entusiastas y vigorosa alocución a las damas. El cocinero, todo dinamismo y agilidad, se mueve con velocidad atlética y gestos enérgicos mientras explica las particularidades de la receta del día. Durante la exhibición, el profesor de gimnasia culinaria interpela a las «chicas» (así las llama él) para que no relajen la atención, para que tomen nota, para que no se detenga la música. Cuando la confección del plato ha terminado, hemos perdido un par de kilos. Ariel ha inventado la cocina aeróbica. Ya era hora.

 
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