Cuesta entender lo que está pasando. La semana pasada pensábamos que las calvas de cemento en Anoeta explicaban muchas cosas. Los aficionados donostiarras no fueron capaces de llenar su campo contra el Athletic, lo que nos pareció un claro indicio de que algo grave está sucediendo en el club vecino. Y en San Mamés, ¿qué está pasando? Cada quince días, cuarenta mil personas llenan el campo, y no se cansan de empujar durante todo el partido. Sin embargo, vamos camino de batir un récord adverso. En San Mamés, ahora mismo, nos gana cualquiera y de cualquier modo. El Betis tuvo dos ocasiones en todo el partido, y no como consecuencia de buenas jugadas sino aprovechando errores defensivos del Athletic. Y metió dos goles. No sirve de nada señalar culpables. Un defensa puede salir tarde al tirar el fuera de juego, y otro parará alguna vez mal un balón, sin que eso signifique necesariamente que los rivales vayan a optimizar esas oportunidades, como hicieron los béticos (las dos únicas que fueron capaces de crear en todo el partido, pero con las que se llevaron los tres puntos). Da un poco de grima, es verdad, que de nuevo nos metan un gol tras un saque de banda, mientras el equipo se dedicaba más a protestar que a situarse correctamente, que el balón bote sin oposición dentro del área propia, pero es que apenas fuimos capaces, tampoco, de crear ocasiones favorables en la portería contraria.
Da la impresión de que el Athletic no sabe ahora mismo qué hacer con dos jugadores importantes, con Yeste, tal vez el jugador con más clase, pero que lleva unos cuantos partidos en los que no se le ve apenas, y con Javi Martínez, quien se puede diluir en la banda, que no parece el lugar más apropiado para sus características. Javi Martínez sacó adelante un par de jugadas interesantes en la primera parte, pero el espectador percibe que lo hace a pesar de la incomodidad que le supone adaptarse a una posición que no es la suya. A Yeste sólo se le vio por la originalidad de jugar a banda cambiada en la segunda parte. No parece que el experimento estuviera ensayado suficientemente y, desde luego, no resultó eficaz en absoluto. Parece una prioridad, ahora mismo, encontrar una posición adecuada para estos dos jugadores. El equipo no se puede permitir el lujo de renunciar a ellos ni de arrinconarlos en lugares donde pasan desapercibidos.
Cabe la tentación de ensayar interpretaciones psicologistas. Da la impresión de que el Athletic le teme al éxito ante su público. La victoria ante el Betis habría enderezado definitivamente la temporada y, sin embargo, una vez más, parece como si la cercanía de una orilla que estaba al alcance de la mano le bloquease, como si se hubiera resignado a seguir peleando contra la corriente, en el agua, como si no se atreviera a asirse, a sentirse por fin a salvo. No sirve de nada recordar los penaltis reclamados, no es posible confiar seriamente en remontar un partido a base de que nos piten todos los penaltis posibles en la interpretación más favorable. Deberíamos saber al menos empatar los partidos que no seamos capaces de ganar. El empate, en San Mamés, debería ser una primera opción garantizada. Si obtenemos éxitos fuera de casa, tal vez la solución sea amarrar en San Mamés como si se tratara de un campo contrario.