Martes, 6 de febrero de 2007
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Memorias de un derbi apasionado
Marín descubre los entresijos que motivaron la remontada de su equipo ante el Logroñés CF en un choque en el que reconoce que «todos disfrutamos como hacía tiempo que no lo hacíamos» «En la 'piña' les hice ver la ilusión que tenía toda la afición y que no les podíamos fallar»
Memorias de un derbi apasionado
MARÍN lideró la reacción de los blanquirrojos durante la segunda parte contra el LCF en Las Gaunas. / MIGUEL HERREROS
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Fernando Marín apuntaba a suplente. El trabajo que venía desarrollando Juan Carlos Herrero durante la semana previa al enfrentamiento del pasado domingo le colocaba en el banquillo. Su lugar iba a ser ocupado por la juventud de Barba y el desborde de Candelas.

De nuevo se iba a repetir una historia ya antigua, conocida para uno de los jugadores más veteranos de la plantilla del Logroñés. «Recuerdo que no había podido jugar ninguno de los tres partidos contra el Recreación que se habían disputado con anterioridad», explica el de Arnedo. Y siempre por un mismo motivo. «En la etapa de Peio (Aguirreoa) no pudo ser porque estaba lesionado. Y esta temporada también me quedé fuera en la primera vuelta por culpa de otra lesión». Ahora, las molestias físicas no se interponían en su camino. La juventud de sus compañeros, sí.

Sin embargo, el destino o Juan Carlos Herrero le tenía reservada una sorpresa que él conoció minutos antes de iniciarse el derbi y que los aficionados observaron cuando el futbolista riojabajeño guió al resto de sus compañeros al centro del campo para aplaudir el apoyo de su afición antes de que el colegiado señalara el inicio. Por fain iba a jugar.

Su resignación inicial, traducida «en todas las ganas del mundo por aportar a mis compañeros todo lo que pudiera desde el banquillo», se convirtió en ilusión juvenil cuando se calzó el dorsal 17 (en sustitución del 7) minutos antes de iniciarse la contienda. El capitán estaba preparado. Ahora le tocaba aportar su experiencia sobre el terreno de juego para dejar a Edu García la responsabilidad de apoyar desde el banquillo todo lo que hiciera falta. «Ambos lo tenemos claro y lo hablamos a menudo. Juguemos o no tenemos la obligación de cumplir nuestro papel a la perfección».

Pero el primer tiempo no fue bueno. «Estuvimos bien plantados, pero la verdad que no éramos capaces de crear juego». Había que cambiar algo tras el descanso. «En el vestuario escuchamos como siempre las observaciones, buenas y malas, del entrenador» y una vez sobre el césped, Marín se hizo cargo de la nave.

«Hicimos una 'piña' donde traté de explicarles que toda esta gente habían venido a apoyarnos y que por lo tanto no podíamos fallarles», comenta con cierto rubor ya que añade que «ni muchos menos fue éste el motivo del cambio». Para él, «la clave estuvo en que comenzamos muy bien la segunda mitad y el primer gol llegó muy pronto».

Mientras sus compañeros felicitaban en el banquillo a Ailton, el capitán ya tenía colocado el balón en el centro del campo. «Era nuestro momento y teníamos tiempo de sobra para hacer el segundo». Al goleador sólo le premió su gran jugada con una mirada agradecimiento y un breve pero sincero: «Bien, Ailton». Había que seguir trabajando.

Entonces comenzó el recital de conversaciones. «Creo que un jugador veterano tiene la obligación y la capacidad de recordar a sus compañeros cuestiones que ya saben pero que deben ser recordadas cuando se busca una remontada con 3.000 seguidores gritando», confirma. «No podíamos perder la cabeza», sentencia.

Y de cabeza llegó el tanto de Pita. El trabajo estaba cerrado y «había que obrar con inteligencia». Ahora «sólo queda asimilar bien este triunfo y agradecérselo a la afición. Disfrutamos como nunca. Gracias».

 
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