El militante confeso de ETA Iñaki Lizundia, procesado por una triple tentativa de asesinato de gendarmes, aseguró ayer al tribunal especial antiterrorista que le juzga en París que cumplió las consignas de su organización de no disparar a las fuerzas del orden en Francia. En contra de su versión, el informe balístico sobre el tiroteo, registrado en Auch el 5 de diciembre de 2001, establece que el activista fue el primero en abrir fuego y que su disparo inicial fue «potencialmente letal» para los tres militares de la patrulla.
Dos versiones se enfrentaban desde hace más de seis años en uno de los pocos tiroteos acaecidos entre etarras y gendarmes. La vista oral no permitió aproximar los relatos de los protagonistas. A lo más sirvió para comprobar que Lizundia ha mantenido su tesis ante la dirección de ETA, que le creyó, y la Justicia francesa, cuya instrucción la contradice con sus peritajes.
El ex concejal de HB en Ortuella sostuvo que «cuando corría escuché tiros» y que se detuvo para disparar al pastor alemán que un gendarme adiestrador había azuzado contra él en su persecución. «Tiré porque el perro me saltaba encima. La única solución a mano fue utilizar mi arma. Y menos mal que funcionó», expuso en español, asistido por un intérprete.
El animal, 'Allan', resultó herido de bala en la pata delantera izquierda por un disparo hecho a uno o dos metros de distancia, según la apreciación del veterinario que lo examinó. Nada más oir los gemidos del perro, Lizundia sintió «un calambre que me bajó desde el hombro por el brazo izquierdo». Había sido alcanzado por el gendarme, que vació el cargador en «disparos de protección» a su mascota.
«Ellos tiraron primero»
El activista también dio la misma explicación a la jefatura de ETA: «ellos tiraron los primeros y yo disparé al perro». El informe interno, enviado clandestinamente desde la cárcel, fue encontrado en un piso franco de Bergerac. En él comentaba que había dudado un instante antes de rendirse, tres horas después en un campamento gitano. «Esa duda le salvó la vida», testificó el policía que le esposó. «Ya había armado mi subfusil dispuesto a abrir fuego. Si llega a apuntarme, estaría muerto», sentenció el agente, ya jubilado.
Lizundia respondió por la negativa a la pregunta de si en su organización había instrucciones de disparar contra los agentes en Francia. Su abogada aportó el comunicado, publicado por el diario 'Gara', en el que se presentan como «enfrentamientos fortuitos contrarios a la voluntad de ETA» aquel tiroteo y otro inmediatamente anterior cerca de Pau.
La reconstrucción de los hechos, la localización de los casquillos y los estudios de las trayectorias establecen «incompatibilidades» con el relato de Lizundia y que la versión de los gendarmes es «más convincente», según expuso el redactor del estudio balístico. El perito subrayó que el primer disparo también fue «potencialmente letal» para los dos gendarmes que se habían quedado con otros dos etarras a unos 60 metros, pues «a esa distancia el proyectil puede perforar el cráneo».
Uno de esos agentes repitió en el juicio que sintió el silbido de la bala sobre sus cabezas. «Sólo llevaba dos años de gendarme y no había sido formado a que nos disparen como conejos. El acontecimiento me marcó profundamente», testimonió.
Lizundia se expone a la cadena perpetua por estos hechos.