Miércoles, 7 de febrero de 2007
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Amorrortu lleva Lezama al Manzanares
El director deportivo del Atlético de Madrid utiliza el modelo Athletic en la cantera 'colchonera', en la que quiere remarcar el sentimiento de pertenencia
Amorrortu lleva Lezama al Manzanares
REFLEXIÓN. José María Amorrortu, sentado en la camilla de masaje del vestuario del Atlético de Madrid B en la ciudad deportiva de Majadahonda. / JOSÉ LUIS NOCITO
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LA FICHA

LAS FRASES
Nacimiento: Bilbao (Barrio de Deusto.

Edad: 53, cumple 54 el próximo 21 de junio.

Sus clubes como jugador: Indautxu (1971-72), Getxo (1972-73), Athletic (1973-78) y Zaragoza (1978-83).

En el Athletic: 127 partidos (99 de Liga, 12 de Copa, 1 de Recopa y 15 de Copa de la UEFA) y 10 goles.

Debut: Celta, 2-Athletic, 1, 2-9-73. Relevó en el minuto 65 a Arieta II.

Internacional: Dos veces con Euskadi.

Entrenador: Athletic (1994-95, sustituye a Irureta; 1995-96, releva a Stepanovic); Eibar (2003-04) y Real Sociedad (2004-06, sustituido por Gonzalo Arconada).

Lezama: Director deportivo entre 1994 y 2001.

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Si algo no esperaba José María Amorrortu es la llamada de Miguel Ángel Gil Marín. El técnico deustoarra miraba el pasado verano de reojo a los banquillos de Primera y Segunda a la espera de un hueco en el que colocarse cuando se encontró con que le telefoneaban desde el Atlético de Madrid. «Me sorprendió. No voy a decir que tuviera propuestas firmes para entrenar, pero sí sondeos, que si te puede llamar este equipo o el otro. De hecho, me había hecho a la idea de seguir en los banquillos. De súbito, recibo una llamada en la que me citan a una entrevista con el Atlético de Madrid, que quería cambiar y dar un giro a la estructura de su cantera». En dos semanas se alcanza el trato. Amorrortu firma por cuatro temporadas y se hace cargo de la cantera rojiblanca, el trabajo que mejor sabe desarrollar.

Si hay algo que desea es que comience un nuevo ciclo en el fútbol base 'colchonero'. Todo proyecto parte de una idea. La suya, como no podía ser de otra manera, se basa en el modelo que empleó durante los siete años en los que fue director deportivo del Athletic. «El plan que intento desarrollar es traer los valores con los que trabajábamos en el Athletic». Amorrortu no tiene duda de que es lo que más conviene a su nuevo club. «Queremos crear un sentimiento más profundo del Atlético de Madrid como club, algo similar a lo que hay en el Athletic. Hay valores que utiliza el Athletic, como el compromiso y la identidad, que quiero trasladar. Aquí hay mucha dispersión. Nos estamos dando cuenta de que hay que reforzar ese sentimiento. Hasta cadetes vemos que están muy identificados, pero a partir de ese momento comienzan a pensar más en el corto plazo que en el medio o largo plazo. Muchas energías que tiene el chico se dispersan. A partir de cadetes noto demasiada impaciencia por llegar arriba y ganar dinero».

El Atlético de Madrid perdió confianza en su cantera. Todo fue consecuencia de un grave error de Jesús Gil, quien suprimió los equipos inferiores 'colchoneros' hace doce años. Ello permitió a Raúl fugarse al Real Madrid. El Atlético ha aprendido de su metedura de pata y ahora vuelve a sentir entusiasmo por el fútbol base, al punto de que espera inaugurar en dos años una nueva ciudad deportiva en Alcorcón, trece kilómetros al sudeste de la capital. Vuelta a empezar. «Éste es un club con un potencial tremendo, capaz de soportar seísmos que se hubieran tragado a otros, como la desaparición de la cantera, el descenso a Segunda A o la intervención judicial».

En Alcorcón podrá insistir en otro de los objetivos principales que ha llevado desde Lezama al Manzanares: potenciar la búsqueda de talentos, sobre todo en la Comunidad de Madrid. «Hay que incidir en la captación. Además, me gustaría extender la red de clubes convenidos. Aquí no es como en Vizcaya, donde el Athletic tiene el monopolio sobre todas las entidades del territorio. La competencia en Madrid es más dura. Pero, como ya ha hecho el Athletic, es un paso que nos interesa dar porque con ellos tendremos más soportes en la comunidad y estratégicamente queremos hacerlo en otras autonomías». Pese a los grandes vínculos que le unen al club, que nadie sospeche un intento de hacerse con equipos ahora en la órbita del Athletic. Amorrortu es consciente de que no puede ofender así al equipo de su vida. «Además, allí la fidelidad de los clubes al Athletic es tan grande que es casi imposible entrometerse».

La competencia

El deustoarra tiene claro que la mejor manera de llegar a alguna parte es demostrar a los muchachos de su cantera que visten una camiseta de una gran significación histórica y que el tesoro no aparece con dos paladas, sino que hay que cavar más hondo. «Aquí la competencia es muy dura». Madrid es la patria de los espías futbolísticos. Rompen a murmurar en cuanto aparece un joven con talento. «Con el Real Madrid tenemos un pacto de no agresión con los jugadores de nuestras canteras, pero cuando te diriges a muchachos que están en clubes fuera de nuestra órbita, la lucha por captarlos es feroz. No sólo somos el Madrid y nosotros. Están también el Getafe y el Rayo Vallecano. Los chicos enseguida se encuentran con grandes promesas y eso les puede desequilibrar».

El desafío de Amorrortu no es nada desdeñable. En Madrid todo es más grande que en Bilbao. En Lezama tenía bajo su responsabilidad diez equipos de fútbol base, lo que significaba alrededor de 200 jóvenes. En el Atlético los conjuntos son once, pero a ellos hay que añadir los integrados en las dos escuelas del club, la de Horcasitas (650 jugadores) y Casarrubuelos (250). «La dimensión es mayor. De los 200 chicos que había en Lezama a los 1.000 de aquí. Además, no sólo debemos tender redes en nuestra comunidad, sino por toda España y el extranjero».

Amorrortu trabaja a galope tendido. Se ha instalado con su esposa y la menor de sus hijas (23 años) en el centro de Madrid, en el barrio de Chamberí, y ha puesto su caudal de ideas a disposición de su club. Las mañanas las invierte en las oficinas, en el estadio Vicente Calderón. Por las tardes acude a la ciudad deportiva de Majadahonda, una instalación de propiedad municipal que comparte con el equipo local.

Se ve sometido a una agitación constante. Todo el mundo se cree con derecho a dirigirse a él. Le abordan los psicólogos, los entrenadores, algunos chavales... Es lo que les suele a ocurrir a personas con un trato exquisito como el de él. Siempre ofrece una solución para los pequeños problemas. Es feliz. «En el fútbol a veces no puedes elegir porque hay una volatilidad tremenda. Cuando me llegó la propuesta, valoré trabajar con los jóvenes porque me siento muy realizado formando jugadores, independientemente del club en el que trabaje».

Las mejoras que ha aportado Amorrortu son muchas, pero es llamativo que ni siquiera se haya preocupado de contar con un despacho propio en la ciudad deportiva. «Esto es lo que ves. Campos de fútbol (cinco) y vestuarios. No hay más». El que ocupa el primer equipo está bien, pero los otros dejan mucho que desear, al punto de que los jugadores del filial no tienen ni taquillas en el suyo y apenas cuentan con dos duchas para compartir. Las carencias, sobre todo si se compara con Lezama, son importantes, pero Amorrortu las disculpa con la sonrisa de quien sólo se preocupa por trabajar con entusiasmo.

 
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