Jueves, 8 de febrero de 2007
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CULTURA

YASMINA KHADRA, ESCRITOR
«El siglo XXI es el siglo de la mentira»
El autor argelino pide a intelectuales y periodistas «responsabilidad» ante los problemas mundiales
«El siglo XXI es el siglo de la mentira»
Yasmina Khadra muestra su verdadera imagen. / IGNACIO PEREZ
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EL PERSONAJE
Mohammed Moulessehoul nació en 1955 en el pueblo de Kenadsa, en el Sahara argelino, y es una de las voces más importantes del mundo cultural árabe dentro del panorama francés. A los 9 años entró en una escuela militar e hizo carrera durante 36 años. De ello habla en su relato autobiográfico 'El escritor'. Ha publicado, entre otras, 'Las golondrinas de Kabul', 'Lo que sueñan los lobos', 'Los corderos del señor' y 'El atentado'.

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A Yasmina Khadra su padre la inscribió en una escuela militar cuando tenía 9 años. Se pasó más de tres décadas y media sirviendo al Ejército de su país, disparando en campo abierto contra los integristas, comandando a muchachos de 18 y 20 años, enterrándolos. ¿Una mujer comandante en Argelia? Sí, porque Yasmina, esa escritora que en los años 90 sorprendió a los editores y lectores europeos, es en realidad un hombre, Mohammed Moulessehoul.

Antes había intentado escribir con su verdadero nombre, pero sus superiores comenzaron a presionar para que lo dejara. Fue excluido por ser un intelectual. Así que su mujer le ofreció su nombre de soltera para que «yo pasara a la posteridad ya que le había dado mi apellido para la vida», explica el argelino, afincado en Francia desde que salió a la luz su verdadera identidad.

Tiene más de tres millones de lectores en todo el mundo -incluidos los países árabes en los que está prohibido editarle-, pero descubrirse le costó también la exclusión. «Los intelectuales no me admiten entre ellos porque he sido militar», contó el escritor ayer en Bilbao, dentro de su gira española para hablar de su última novela, 'El atentado', y de la que se publicará en septiembre, 'Las sirenas de Bagdad'.

Sin embargo Yasmina Khadra, nombre con el que sigue firmando y por el que le gusta que le llamen, dice que «sufría doble exclusión cuando sólo se conocía mi seudónimo: por militar y por clandestino». Quería contarle a la gente lo que hacía, porque «nací para escribir. Provengo de una tribu del Sahara conocida por su pasión por el verbo, por la palabra, por la poesía».

Orgulloso de sus raíces, de su historia y de su religión, no reniega de su pasado militar pese a que es consciente de que «sin él, tendría más audiencia». Es sospechoso. Han querido «destruirme», acusa. «La prensa parisina me investigó para sacar algo sucio y cuando fueron a Argelia encontraron a un hombre todavía más valiente que el escritor», sentencia.

Pero prefiere no hablar de los problemas con los que «tropieza» porque eso es «problema de los demás. Mis libros están escritos desde la conciencia y es trabajo de otros decidir qué hacer con ellos. Si ven algo que denunciar, háganlo. Si creen que hay que transmitir, igual», anima, convencido del poder de los medios para informar a la población. Y para desinformarla cuando «no actúan con conciencia, con objetividad y alejados de consignas ideológicas». Por ello Khadra pide a los periodistas que sean «responsables».

Asqueado

Lo mismo les ha exigido a los intelectuales. Pero su hoja de servicios le ha impedido también, y sobre todo, entrar a formar parte de esa 'intelectualidad'. Le han cerrado puertas y no han hecho caso a su llamada para aportar un poco de luz sobre la 'guerra de civilizaciones'. Sobre los problemas entre Oriente y Occidente. «Estoy asqueado de los intelectuales de Occidente», dice sin ambages. «Extienden la idea de que la violencia es parte del islam, de que la religión fundamenta el terrorismo», explica Khadra. «Eso es seguirles el juego a los terroristas».

«Si tienes miedo, dejas de ser tú mismo y te conviertes en el instrumento de quien te amenaza», continúa el argelino. Ese miedo alimenta a su juicio la comodidad de la mentira, la extensión de los estereotipos, «el déficit de inteligencia que vivimos», una de las características del mundo actual según el novelista. «Si el siglo XX fue el del miedo, el XXI es el de la mentira».

Todo ello lleva a Occidente a mirarse el ombligo y «apropiarse de la indignación» en lugar de «solidarizarse con los pueblos que luchan contra el terrorismo integrista». Que son los pueblos que lo sufren. «Bagdad es cada día Nueva York, cada día Madrid, cada día Londres, y nadie mueve un dedo», se sorprende. «Los integristas aprovechan para decirles a las víctimas: 'Mirad, Occidente se alegra'». Y los occidentales, para señalar el retraso de Oriente, el desconocimiento que hay allí de la otra realidad del globo. «Estáis equivocados. Os conocemos; sois vosotros los que no sabéis nada de nosotros».

 
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