Jueves, 8 de febrero de 2007
Registro Hemeroteca

en

DEPORTES

FÚTBOL
Solabarrieta se reencuentra en Madrid
En Lezama levantó grandes expectativas, pero se ha ido al Atlético Madrid B a «volver a empezar»
Solabarrieta se reencuentra en  Madrid
18.00 HORAS. Ha concluido la sesión de entrenamiento por la tarde en la Ciudad Deportiva de Majadahonda. Solabarrieta, segundo por la derecha, posa con algunos compañeros.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

No hay mejor día para comenzar una nueva vida que el 1 de enero. Esta idea rondaba por la cabeza de Aritz Solabarrieta cuando pisó en Año Nuevo por primera vez la ciudad deportiva de Majadahonda, 16 kilómetros al noroeste de Madrid, sede de su nuevo equipo, el Atlético de Madrid B, por el que ha firmado hasta el 30 de junio de 2008. Acompañado por sus padres y su novia Ane, ondarreses como él, se vio incrustado en uno de los interminables atascos de la carretera de La Coruña. Allí toma su primera decisión de peso. «Viviré cerca de la ciudad deportiva». Al día siguiente comienza la búsqueda. Su nuevo club le da 550 euros mensuales para el alquiler del piso. Con ese escaso dinero le llega para compartir apartamento con otros compañeros del equipo, pero Aritz (23 años) y su novia (22) quieren vivir juntos. Al final, encuentran lo que buscan por 1.000 euros en una urbanización donde acaba la ciudad. «Estoy a cuatro minutos del campo de entrenamiento. Mi vida aquí es de casa al trabajo, del trabajo a casa y, acaso, algún día al cine. La última que he ido a ver es 'Bobby'. La próxima quizá sea la de 'Rocky'», relata mientras hinca el diente a su desayuno de cada día, leche fría y tres piezas de bollería industrial.

Solabarrieta tiene lo que quiere. Ha ido a Madrid a reencontrarse consigo mismo. «Para mí es volver a empezar, recuperar de nuevo sensaciones». Sigue tan armado de vocación como siempre, pero lo cierto es que ya no está lleno de sueños. «¿Volver al Athletic? Eso ahora no importa. Soy feliz con sentirme de nuevo futbolista y con eso me vale». Lo que menos le preocupa es que sus ingresos sean modestos para un profesional (alrededor de 36.000 euros por lo que resta de ejercicio y cerca de 100.000 por el siguiente) y que el coste de la opción de recompra por el Athletic se multiplique por cinco: de los 50.000 euros de esta campaña a los 250.000 de la próxima.

Solabarrieta fue un chico que vivió encima de una nube desde que llegó al Athletic con 12 años desde Ondarroa. Tocaba los sueños con las manos. Atravesó las etapas inferiores como un misil. Internacional en todas las categorías y campeón de Europa sub'19 en 2002, con Iniesta y él como medios centros titulares.

Su objetivo parecía cumplido cuando Ernesto Valverde le señaló con el dedo para subir al primer equipo en la campaña 2004-05. Pero no se dio el gusto precisamente. Apenas once partidos.

Había que buscar una salida, un sitio en el que continuar la formación. En 2005-06 dos equipos de Segunda A le piden cedido, Valladolid y Eibar. Aritz quiere ir al segundo, aunque le suponga ganar menos dinero, e incluso llama personalmente al entonces presidente, Fernando Lamikiz, para conseguirlo. Siempre ha sabido elegir la opción que más le conviene. Las cosas que tiene ser hijo del patrón de un atunero con faenas de tres meses en Rockall. «Decidí ir al Eibar, y aunque las cosas fueron fatal en el aspecto deportivo, porque bajamos, no me arrepiento».

La desmotivación

El momento de máxima desmotivación no había llegado todavía. Regresa de Ipurúa para quedarse en la primera plantilla rojiblanca. «Quienes me rodeaban me animaban. Me decían que me quedaba y que Sarriugarte estaba muy contento. Pero yo recelaba. Veía venir que no iba a contar». Así fue. Sarriugarte le cita el 13 de agosto para dictar sentencia: puede quedarse en el primer equipo hasta que encuentre otra cosa, pero sin ficha. «El palo sólo duró unas horas. Soy positivo, al poco tiempo miraba hacia adelante».

La cuesta abajo parece no tener fin. A principios de diciembre se rompe la nariz en un entrenamiento tras recibir una patada de Murillo. Cuando peor estaba, le telefonea José María Amorrortu, director de la cantera del Atlético de Madrid. «Pensaba que llamaba para darme ánimos, pero de repente me suelta que quiere ficharme para el filial y que tiene el permiso del Athletic. Ni me lo pensé. Enseguida decidí que era lo mejor para mí». Solabarrieta habla con Mané. «No te vayas con la sensación de que das un paso atrás», le anima el técnico. «Me quedo con esa frase, que resume perfectamente mi situación», indica el centrocampista.

Amorrortu le inunda de elogios. Le felicita por un sentido de la profesionalidad que para el técnico de Deusto no necesita comprobación. «Es un chico ejemplar en todos los aspectos. No hay más que verle cómo se ha ido del Athletic, sin ningún reproche para nadie. Es un chico muy profundo, que respeta las decisiones de los demás, las comparta o no. Es muy profesional. Ese tipo de jugador aquí es muy importante porque sirve de ejemplo para los demás. Es muy valioso, aunque sólo sea por ver su forma de entender el fútbol», se felicita.

Elogios de Pereira

El filial 'colchonero' le ha acogido con los brazos abiertos. Luiz Pereira, mítico líbero brasileño que jugó en el Atlético entre 1975 y 1980, es ahora a sus 57 años presidente del equipo. Pereira entra en el vestuario del filial antes del entrenamiento de la tarde con un cigarro americano en la boca. Alguien afea su actitud. «He fumado siempre. Cuando era jugador, echaba un cigarrillo en los descansos. Me relajaba. Luis Aragonés siempre preguntaba dónde andaba yo y resulta que me metía en los servicios a fumar tranquilo».

Pereira, como todos en el Atlético, da unos magníficos informes de Solabarrieta. Según el brasileño, tiene facultades para ser un futbolista de élite. «Es un chaval con una personalidad maravillosa. Tiene dos cosas muy importantes en el fútbol: altura y clase. Creo que aquí demostrará su categoría. Si lo hace, incluso le veo con opción de jugar en nuestro primer equipo».

Pero resulta que el rumbo del filial 'colchonero' es malo y hay apremios clasificatorios. Solabarrieta ha sido titular en los cinco partidos disputados desde su llegada, pero su equipo carece de gol y se ha incrustado en la zona de descenso. Subir al primer equipo, lo que le permitiría contar con un ingreso económico extra, ni siquiera es una opción que baraje. Por si acaso, Miguel Ángel Gil Marín, máximo accionista del club, reunió a toda la plantilla hace unos días para advertir a los jugadores de que deberán esperar a cruzar la puerta del vestuario de la primera plantilla. «Hasta que no espabiléis, no subís ni uno».

«Lo que me preocupa es tener minutos y centrarme en sacar al equipo adelante». Solabarrieta no quiere mirar más allá. La cuestión que le ha llevado a Madrid es recuperar el prestigio de sus años más jóvenes, cuando era uno de los futbolistas de Lezama que más expectativas generaba. Hoy siente que vuelve a empezar. Lo hace sin ningún reproche. «Félix Sarriugarte no contó conmigo, pero es un entrenador con el que me llevaba bien y del que, con sinceridad, he aprendido cosas». Así es Solabarrieta, nunca contamina nada con sus quejas.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo

Canales RSS