Jueves, 8 de febrero de 2007
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violencia de género
«Quiso matarme pero sigo enamorada»
Su 'novio' confiesa en el juicio que intentó estrangularla y que la arrojó, inconsciente, en un contenedor de basuras en Álava
«Quiso matarme pero sigo enamorada»
JUICIO. El acusado, de espaldas y con cazadora negra, poco antes de empezar a declarar ayer en la Audiencia de Vitoria. / IOSU ONANDIA
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Hacia las nueve de la mañana del 4 de febrero de 2006, M.S., una joven brasileña que había trabajado hasta octubre de 2005 en un salón de masajes de Bilbao, se despertó «dolorida» y «tiritando» entre las paredes de un cubículo oscuro que tenía un portoncillo para salir al exterior. Todavía aturdida por la situación y sin recordar qué le había ocurrido, logró salir y comenzó a caminar por una carretera desconocida para ella -una vía secundaria de Álava- en busca de ayuda. Intentó parar a los coches que pasaban pero nadie se detuvo, así que siguió andando casi dos kilómetros hasta que se topó con la valla de un chalé, en la localidad alavesa de Apodaka, cuyos propietarios avisaron a la Ertzaintza. Para entonces, la memoria ya le había devuelto la última imagen que había vivido antes de perder la consciencia. En la escena aparecía el hombre que creía su prometido, colocado sobre ella en el asiento de un coche alquilado, «apretándome» el cuello «con las dos manos» después de «haberme pedido un beso».

Así relataba ayer en la Audiencia Provincial de Vitoria la odisea que había vivido en el extraño y trágico viaje hacia Bilbao emprendido la víspera desde el aeropuerto de Barajas, recién regresada de su país, en compañía de Javier A.A., un vecino de Portugalete, con el que pensaba casarse. «Intentó matarme», admitió después ante el tribunal, pero «sigo enamorada de él».

El acusado, que se enfrenta a peticiones de pena de entre cinco y catorce años de prisión, admitió ayer que había intentado asfixiarla primero con las manos y después con un cable, pero que al verla «inconsciente» y sangrando «por la boca», dejó de presionar su cuello. Después trasladó su cuerpo desde el descampado donde la había atacado, tras simular «un pinchazo» en una rueda, hasta aquel contenedor de basura.

«Quise matarla pero no para quedarme con su dinero, sino por pura cobardía. En vez de decirle la verdad, que yo era un fraude como persona, la estrangulé», confesó en otro momento del juicio. Y es que Javier llevaba una doble vida desde hace décadas. Nunca había terminado la carrera de Ciencias Económicas, pero había hecho creer a todo su entorno que se había doctorado y trabajaba como profesor en el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco. Además, mantenía desde mediados de los años 80 una relación sentimental con una mujer a la que había conocido en su etapa universitaria, y con la que posteriormente se había unido de forma oficial como «pareja de hecho».

«Nunca sospeché nada»

De lunes a viernes vivía en casa de sus padres, en Portugalete, «por motivos laborales» y los fines de semana residía con su compañera sentimental en Araia, a unos 30 kilómetros de Vitoria.

Licenciada en Filología, la mujer apuntó que siempre había «creído» a Javier. Incluso a pesar de que «él no tenía ingresos». «Como pareja, compartíamos todo lo que entraba en casa», es decir, su dinero y el que él recibía «de su familia», testificó. «Nunca sospeché nada», ni siquiera que él mantenía una relación con otra mujer, agregó.

Lo cierto es que Javier había conocido a M.S. en junio de 2004 en el local donde ella trabajaba. Tras mantener varios contactos sexuales, comenzaron a salir juntos y, en mayo de 2005, el acusado alquiló un piso en Bilbao donde visitaba a la joven carioca «algunas mañanas y fines de semana».

El arrendamiento del piso, que pagó Javier todos los meses salvo uno, se mantuvo hasta octubre de 2005, cuando ella viajó a su país para divorciarse, después de que él aceptara su propuesta de matrimonio. «Al principio me dijo que no pensaba casarse, pero luego me dijo que sí», relató ayer la víctima, quien sacó buena parte de los ahorros que tenía en su país (18.000 euros) y entregó al imputado 14.000 en enero de 2006, cuando él fue a Brasil a conocer a su familia.

Javier regresó a España el 30 de enero, un día antes que su «novia», y depositó esa cantidad en dos cuentas bancarias a su nombre. Sin embargo, a ella «le dije que eran mancomunadas».

Móvil «económico»

Aunque la joven había declarado en un principio que el inculpado le había convencido para que trajera su dinero a España, argumentando que en Brasil «podía haber un golpe de Estado» u ocurrir algo como «el corralito» argentino, ayer negó esos extremos. En cualquier caso, el fiscal y la asociación Clara Campoamor, que ejerce la acción popular, consideran que Javier intentó acabar con su prometida «para quedarse» con esos 14.000 euros más los 4.000 que le entregó cuando llegó a Barajas. Por ello le imputan un delito de estafa o de apropiación indebida. Además, el acusador público y la abogada de la víctima le atribuyen un delito de homicidio en grado de tentativa y el letrado de ese colectivo, uno de intento de asesinato, al considerar que atacó a la joven de forma «sorpresiva» y sin dejarle posibilidad alguna de defenderse.

Por su parte, la defensa pide que se le condene por lesiones u homicidio intentado, con las atenuantes de trastorno de la personalidad por «mentira patológica» y de haber resarcido a la víctima por la lesiones y los daños morales.

 
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