Jueves, 8 de febrero de 2007
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Aparece muerta Érika Ortiz, hermana de doña Letizia
Madre de una niña de seis años, tras su separación del escultor Antonio Vigo estuvo un tiempo de baja por «estrés y ansiedad» antes de Navidad Fue hallada por su actual pareja tendida en la cama de su domicilio
Aparece muerta Érika Ortiz, hermana de doña Letizia
FOTO DE FAMILIA. Imagen tomada tras el bautizo de la infanta Leonor, en enero del año pasado. Arriba, a la izquierda, Érika posa junto a su ex pareja, el escultor Antonio Vigo. / EFE
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LA FICHA
Licenciada en Bellas Artes, interiorista y diseñadora gráfica, Érika Ortiz Rocasolano tenía 31 años.

Tenía una hija, Carla, de seis años, fruto de su relación con el escultor Antonio Vigo.

Trabajaba en la productora de Emilio Aragón.

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Érika Ortiz, la hermana menor de la Princesa de Asturias, falleció ayer, a los 31 años, en su domicilio del barrio de Valdebernardo (Madrid), en el mismo piso donde residió doña Letizia hasta que contrajo matrimonio, en mayo de 2004, con el príncipe Felipe. Madre de una niña de seis años, y separada desde el mes de mayo de su pareja, el escultor Antonio Vigo, Érika era recordada ayer por sus compañeros y amigos como una mujer «tímida, reservada y muy responsable», que soportaba con resignación y no poco sufrimiento el acoso mediático al que estaba sometida desde que su hermana mayor pasó a formar parte de la Familia Real.

La que ha sido definida como la «más sensible y vulnerable» de las tres hermanas Ortiz Rocasolano ha muerto en plena juventud, lo que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones. La Casa Real pidió ayer «respeto y prudencia» a la hora de abordar el triste suceso. La noticia saltó a la una y media de la tarde y causó al instante una conmoción enorme, por tratarse de la hermana de la Princesa de Asturias y de una mujer joven y aparentemente llena de vida.

Sus padres, Paloma Rocasolano, enfermera, y Jesús Ortiz, periodista, conocieron la terrible noticia en sus respectivos puestos de trabajo. Doña Letizia, embarazada de seis meses, se encontraba junto al Príncipe Felipe y a su hija, Leonor, en el palacio de la Zarzuela.

Familia destrozada

El Rey lo supo por una llamada de los Príncipes de Asturias. Don Juan Carlos visitaba en ese momento la compañía europea aeronáutica de Defensa en el estado alemán de Baviera, de donde regresó ayer por la noche. Y la Reina tuvo conocimiento del triste suceso en Indonesia, donde se encontraba de viaje oficial, recorriendo las zonas devastadas por el 'tsunami'.

Al escuchar la trágica noticia, doña Sofía rompió a llorar y tapándose la cara con ambas manos exclamó «¿Qué lástima, qué lástima!». Ella misma comunicó lo ocurrido a los periodistas allí desplazados y decidió de inmediato suspender el viaje para regresar a España y acompañar en este duro trance a su nuera. La Princesa de Asturias le había sugerido, desde Madrid, que se quedara, pero la Reina no lo dudó ni un instante.

Carla, la única hija de la fallecida, de seis años, se encontraba a esa hora en el colegio. Su padre se encargó de recogerla y alejarla de la inmensa onda expansiva que generó la noticia. Telma, la hermana mediana de doña Letizia, supo de lo ocurrido en Manila, donde actualmente trabaja como cooperante en una ONG. Tanto los padres como las hermanas de la fallecida están «destrozados».

El martes por la noche, según fuentes policiales, Érika Ortiz dejó a su hija Carla en casa de una vecina para que ayer la llevara al colegio. Al parecer, la vecina le hacía ese favor habitualmente. En torno a las 11.30 horas llamó al timbre su actual compañero sentimental y, al no recibir respuesta, se alarmó y entró con su llave. La encontró tendida en la cama de su dormitorio y llamó de inmediato a la Policía. Junto al cuerpo, según las mismas fuentes, había varias cajas de los medicamentos que la fallecida consumía. Con la patrulla llegó una ambulancia de urgencias, cuya dotación sólo pudo certificar la muerte.

Los restos mortales fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense de Madrid, donde se realizará la autopsia. El levantamiento del cadáver lo llevó a cabo la juez de guardia número 12 de Madrid, que llegó al domicilio de la fallecida a las 14.40 horas y lo abandonó 50 minutos después.

Érika trabajaba en el departamento de decoración de Globomedia, la productora de Emilio Aragón, desde junio de 2005, donde colaboró en programas como 'Habitación 623' y 'Anónimos'. La semana pasada pidió dos días de permiso -este lunes y martes-, tras los cuales debería haberse reincorporado ayer al trabajo. A finales de 2006, y quizá debido a la tristeza que le provocó su separación de Antonio Vigo, solicitó una baja laboral de varios meses por «estrés y ansiedad». Pero tras la Navidad se había reincorporado a su puesto y, según sus compañeros, se encontraba ilusionada con un nuevo proyecto laboral.

«La hermanísima»

Convertida involuntariamente en personaje mediático, como hermana de la Princesa, Érika no podía evitar que cada día, al salir de su trabajo, la esperara un retén de periodistas. La última portada que protagonizó sin desearlo fue hace apenas unas semanas, cuando la fotografiaron junto a un hombre bastante mayor que ella, con el que se le atribuía un nuevo romance.

Tras su separación de Antonio Vigo, Érika salió unos meses con el cámara Roberto García, con quien la fotografiaron en actitud cariñosa. Un amigo y colega de la fallecida, que prefiere no desvelar su identidad, relató ayer a este periódico que hace unos diez días intentó ponerse en contacto con ella sin conseguirlo y poco después recibió un mensaje de Érika en su móvil que decía: «Estoy de retiro espiritual». Según él, la joven, que en abril habría cumplido 32 años, se sentía «muy presionada y acosada» por la prensa.

Timida, sencilla y muy discreta, «la más bohemia y sensible de las hermanas Ortiz» soportó siempre con una elegante sonrisa el peaje de una popularidad no buscada, ni seguramente deseada. Su primera aparición en una revista fue voluntaria y recibió por ello un torrente de críticas y el calificativo de «hermanísima». Decidió no repetir la experiencia, pero no pudo evitar que todos sus movimientos -hasta su último corte de pelo- fueran noticia. Empeñada en la titánica tarea de ser «la hermana perfecta de la princesa perfecta», Érika, tras una dolorosa separación, intentaba por encima de todo encontrar la felicidad y la estabilidad, sin causar por ello demasiado ruido.

 
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