Jueves, 8 de febrero de 2007
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Unidas en la distancia
Eran amigas y confidentes. Letizia, Telma y Érika se mantuvieron vinculadas a pesar de que la vida dio a cada una destinos muy distintos
Unidas en la distancia
Érika, de pie a la izquierda, con sus hermanas y su madre. / EFE
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Mientras los restos mortales de Érika yacían en su piso de Valdebernardo, Telma se encontraba en Manila y Letizia en su residencia de La Zarzuela. Nunca antes los kilómetros que las distancian fueron tan inabarcables como ayer. Las tres hermanas, a pesar de vivir separadas, procuraban mantenerse en contacto, siempre amigas, siempre cómplices. El destino ha dado a cada una vidas muy diferentes, pero eso nunca impidió que ellas mantuvieran su conexión.

De niñas eran inseparables. Dicen quienes las conocieron que llamaban la atención. «Estilosas y muy monas», decía de ellas Berta Martino, una de sus profesoras. Con todo un futuro por delante crecieron como el resto de las niñas ovetenses de su edad entre idas y venidas al colegio La Gesta. En aquellos tiempos, a las tres les gustaba Sardéu, el hogar de los abuelos paternos. Allí se acercaban a la falda del Pagadín a caballo, bajaban a Ribadesella para tomar un chocolate o darse un baño en la playa de Santa Marina, iban de romería por las aldeas de los alrededores o sencillamente se sentaban bajo el hórreo para charlar con sus abuelos. La vida bohemia en el campo atraía especialmente a Érika. De hecho, durante un tiempo barajó la posibilidad de instalarse cerca de Sardéu.

Momentos duros

Los lazos entre las tres se hicieron especialmente visibles cuando Érika se quedó embarazada con 25 años. También supieron sufrir juntas. Tres momentos las marcaron para siempre: la separación de sus padres en 1999; la muerte prematura, debida a un cáncer, de su tía Cristina, la hija pequeña de la locutora Menchu Álvarez del Valle; y, hace apenas dos años, la muerte de su abuelo José Luis les causó un enorme vacío. Prueba de los vínculos que mantenían era la corona de flores rubricada con el nombre de sus tres nietas, incluido el de la ya Princesa de Asturias.

Letizia, Telma y Érika compartían confidencias, tristezas y alegrías. Eran hermanas, pero sobre todo amigas. Y del respeto que se profesaban mutuamente fue un claro ejemplo el celo con el que protegieron el noviazgo de Letizia y el Príncipe. Las primeras en conocer la noticia fueron precisamente las dos hermanas. Ambas supieron guardar el secreto que hizo triunfar la relación.

 
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