Domingo, 11 de febrero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

RAFAEL FERNÁNDEZ DE CARRANZA, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD LANDAZURI
«No entiendo el 'apartheid' de Vitoria contra los arquitectos de renombre»
El abogado al frente del colectivo cultural critica el «inmovilismo» de una ciudad que «se plantea todo» por el «miedo que tiene a equivocarse»
«No entiendo el 'apartheid' de Vitoria contra los arquitectos de renombre»
El presidente de Landazuri, en el balcón de Montehermoso.
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La Sociedad Landazuri sopla este mes las quince velas de su aniversario. Rafael Fernández de Carranza (Miranda de Ebro, 1961), abogado y presidente de un colectivo entregado a la defensa del patrimonio cultural de la provincia, toma el pulso a la coyuntura actual en este ámbito.

-Subir ahora hasta su sede, en Montehermoso, cuesta apenas 4 minutos y ningún esfuerzo físico. ¿Feliz con la instalación de las rampas mecánicas?

-Sí. Eran necesarias y han quedado bien. Me gustan.

-Entonces, ¿la Sociedad Landazuri no ve como una atrocidad ese ingenio de aluminio en pleno corazón del Casco Medieval?

-En la sociedad hay de todo. Yo las veo como una escultura integrada, pero hay quien piensa que ha roto la perspectiva del cantón. La mayoría estaba de acuerdo con que había que hacer algo, aunque el diseño no ha gustado mucho.

-Usted considera este barrio como una de las joyas del patrimonio de la ciudad. ¿Les gusta el rumbo que le quiere dar el Ayuntamiento?

-Me parece bien la revitalización de Correría y el parking en El Campillo. Lo demás está muy en el aire y falta información. Fíjese que era un plan más o menos consensuado y ha tardado cuatro años en aprobarse... Ocurre lo mismo con todo, el auditorio, la plaza de toros, y no digamos el soterramiento. Es frustrante. En Vitoria cuesta avanzar. Se plantea todo y subyace el miedo a equivocarse.

-¿Habla de los gobernantes, de la sociedad o de ambos?

-Se ha juntado el hambre con las ganas de comer. Ahí está el proyecto de reforma de la plaza de la Virgen Blanca, que en realidad es la del parche. Está claro que necesita una reforma. Ahora bien, ¿el plan debe ser el que nos han enseñado? Es como cuando vas a comprar un traje y te sacan uno. Pues te quedas con ganas de ver más.

-El que sacó el Gabinete Alonso, y luego retiró en tiempo récord, ¿le gustó?

-Lo conocí a través de EL CORREO. No ha habido información. Por eso hemos promovido un debate para el día 28. Mire, yo soy partidario de que se hagan cosas, pero también de que se pueda opinar. A José Luis Catón le quiero mucho, pero habría preferido que el Artium se hubiera hecho a través de un concurso internacional de ideas. ¿Por qué no lo mismo para la plaza de la Virgen Blanca? Pero será muy complicado...

-¿A qué se refiere?

-A que con la trayectoria de concursos fallidos o que no se han ejecutado que llevamos, como el de Jean Nouvelle y la plaza de toros o el del auditorio de Navarro Baldeweg, no creo que los arquitectos estrella se tomen muy en serio otro concurso para Vitoria. Con todo mi respeto a los profesionales locales, y al contrario de lo que pasa en Bilbao, aquí hay una especie de 'apartheid' contra los arquitectos de renombre que no entiendo.

-Algunos partidos de la oposición apuestan por un referéndum...

-Si somos una ciudad inmovilista imagínese si empezamos a hacer consultas. En su día se recogieron firmas en contra del tranvía y se paralizó un proyecto que ahora lo vamos a tener con un coste mucho mayor.

-Hace unos años usted se propuso impulsar la conmemoración anual de la Batalla de Vitoria. Puestos así, imagino que el monumento, ni tocarlo.

-Quería que se conmemorase desde el punto de vista cultural. Y no me refiero a disfrazarnos de franceses. Estoy seguro de que si en Bilbao tuvieran una sinfonía de Beethoven la habrían aprovechado. En cuanto al monumento, estamos acostumbrados a él pero, si desapareciera de ahí, también nos acostumbraríamos. Se puede llevar a otro lugar.

Schommer y la trinchera

-Subamos otra vez colina arriba. ¿Lamenta que mientras el proyecto de crear la Fundación Schommer -en un principio en el gastetxe- duerme en el limbo, este colectivo disfrute de la patente de corso que le han otorgado los partidos?

-Desde luego, lamento que ese plan aún no sea una realidad y no haya ninguna intención de acometerlo. No se puede dejar pasar esa oportunidad. Pero, en este momento, el equipo de gobierno está atrincherado y, al final, es un pasito adelante y dos para atrás. Su margen de maniobra es escaso. Y la oposición, hace el papel de administrado, e impugna todo lo impugnable. En cuanto al gastetxe, es una patata caliente desde la época de Cuerda. Y, como ha pasado en todas las ciudades, hay que tomar ya una decisión. No puede ser un freno.

-Hace unos años anunciaba que iba a impulsar un lavado de cara a la plaza de los Fueros. ¿Qué fue de aquello?

-Intentamos hacer un debate con Peña Ganchegui y la familia de Chillida... Pero yo creo que no quieren saber nada de esa obra. Era un proyecto que se politizó, en una ubicación que quizá no era la mejor, y que tal vez no desarrollaron como quisieron. Creo que es un punto negro en su curriculo. Al margen de esto, yo creo que necesita una mejora. Está deteriorada.

-¿Le producen escozor las obras de la Casa de Napoleón para hacer pisos tutelados?

-Entiendo que hay que darle alguna utilidad, pero desde luego esa no me parece la mejor.

-¿Qué opina del patrimonio arquitectónico que va a legar Vitoria a sus nuevas generaciones con Salburua y Zabalgana?

-Algunos edificios de Zabalgana me parecen interesantes. Desde luego, se nota cuando ha habido un concurso. Yo le doy un notable, un aprobado a Salburua y un suspenso a Lakua, que es como una corriente de aire.

-La última. El próximo 27 de mayo, ¿irá a votar enrabietado, ilusionado o justiciero?

-Ja, ja. Iré para participar.

 
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