-¿Qué migas hacen la tradición, representada por la Sociedad Landazuri, y la modernidad, encarnada por Xabier Arakistain, conviviendo bajo el mismo techo de Montehermoso?
-Aún no he tenido contacto con él, pero las referencias son buenas. Le tengo por una persona competente.
-Hace unos años calificó la foto cultural de Vitoria de «aterradora». ¿Seguimos igual?
-Yo creo que hay saturación de actividades culturales, seguramente por falta de coordinación. A menudo coinciden cosas y tienes que elegir. Al margen de eso, con Artium, que está haciendo las cosas bien, el proyecto Krea... Pero sigue el hueco del auditorio...
-Un proyecto que se fue al garate...
-Mientras está siendo admirado en el mundo. Hasta que se vuelva a retomar, seis años en el mejor de los casos. Y eso si hay una mayoría en el gobierno. La gente está decepcionada y escéptica. Llevamos años hablando de los mismos proyectos. Algunos salen adelante, pero a un ritmo muy lento.
-¿Tiene la sensación de que otras ciudades son tal vez más resolutivas?
-Sí. Es cierto que todo lleva su trámite, pero aquí se prolongan demasiado. Muchos técnicos llevan desde los principios de la era de Cuerda y creo que con el tiempo se han podido acomodar... Nos guste o no, Vitoria es una ciudad administrativa. La gente se ha acostumbrado a ir a un buen concierto a Bilbao o a pasar el fin de semana a la Rioja.
-¿Se le ocurre cómo dar un poco de color a ese panorama?
-Es cierto que falta salsa, alegría, y también confiar más en nosotros mismos. Debemos apostar más por lo que tenemos y abrirnos a la oportunidad de la multiculturalidad que nos ofrecen los inmigrantes. En ese sentido, no hemos logrado establecer una sinergia.