Domingo, 11 de febrero de 2007
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ÁLAVA
La más grande cumple cien años
El 4 de agosto de 1907 se puso la primera piedra de la catedral nueva. Su accidentada edificación duró 62 años
La más grande cumple cien años
PLENITUD. Limpieza de líneas y plasticidad, el interior de la catedral es de gran belleza. / IOSU ONANDIA
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Con sus 110 metros de ábside a pórtico y sus 35 metros de altura en el crucero, la catedral nueva de Vitoria es la segunda más grande de España después de la de Sevilla, según Alberto González de Langarica, autor del estudio más completo sobre el templo. «Y está entre las cuatro o cinco más largas del mundo». Por supuesto, es la mayor de Euskadi. María Inmaculada, a ella fue consagrada, posee unas dimensiones colosales, pero está inacabada y, como dice el mismo investigador, «nació con pecado original». Para el clero, arruinó la diócesis; para el pueblo, fue inaugurada por Franco bajo palio en 1969. Esos dos estigmas unidos al estilo arquitectónico neogótico, cuestionado por «extemporáneo» como señala uno de sus arquitectos, Miguel Apráiz, han hecho que Vitoria le dé la espalda. Casi nadie la quiere. Está pero pocos la ven. Y, sin embargo, «es una gran obra de arte», enfatiza el historiador Ramón Loza, un fan que la defiende frente a la indiferencia general.

Vitoria tenía 33.000 habitantes en 1907. ¿Por qué se levanta un edificio con la planta de Reims y las torres de Colonia cuando existía desde el siglo XIV una catedral gótica aunque fuera de segunda categoría? «En Santa María no cabían ni los seminaristas cuando Vitoria era la capital de una diócesis que comprendía Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Les parecía insuficiente, obscura y lóbrega. Los arcos del miedo segaban la perspectiva a media altura. Los accesos desde el pórtico estaban taponados por el bajo coro», explica González de Langarica.

«Fue una respuesta lógica a la situación sociopolítica del País Vasco a principios de siglo. Hacía falta un gran edificio símbolo para una nueva diócesis que surgía con un gran potencial», añade Zoilo Calleja, encargado del Museo de Arte Sacro, que ha cambiado en los últimos años la imagen del edificio y anima cada año a 40.000 personas a visitarlo.

Se queda pequeña

El 4 de agosto de 1907 Vitoria se dispuso a colocar la primera piedra de uno de esos proyectos que nunca se dedicaron a su destino original, algo en lo que Álava es maestra. Como en el caso de la plaza del Ganado, sin ganado -luego Buesa Arena-, o del aeropuerto de Foronda, sin pasajeros, la basílica nacía para una diócesis de tres provincias. Cuando se inauguró en 1969, Vitoria se había quedado sola en su silla episcopal. No hacía falta un templo tan grande. ¿O sí? En los funerales por los trabajadores masacrados el 3 de marzo de 1976, María Inmaculada, en la que pueden caber más de 10.000 personas, se quedó pequeña para albergar a los asistentes. También ocurrió con motivo del asesinato por ETA de Fernando Buesa y Jorge Díaz Elorza.

Cadena y Eleta fue el obispo que impulsó en 1907 la construcción de «una catedral digna de la diócesis», en sus propias palabras, pero antes el obispo Fernández de Piérola ya había dejado dinero en su testamento. El gótico había sido idealizado durante el romanticismo como el más genuino del cristianismo. Importantes iglesias de este estilo se acabaron aquellos años. Westminster, Colonia, Milán... Y se empezaron edificios neogóticos como Covadonga, San Patricio en Nueva York o el Buen Pastor en Donostia. El presupuesto era de 5 millones de pesetas de las de entonces y se eligió el proyecto de Javier Luque y Julián de Apraiz. Los reyes, la reina madre y el nuncio asisten a una pomposa ceremonia, en la que también están las autoridades navarras. Hay una capilla dedicada a la comunidad foral. Ese día se inauguró también el asilo Provincial de las Nieves.

La primera piedra utilizada era de Arrigorista, en los montes de Iturrieta, por su blancura. Luego se trajo de Fontecha, de Moreda, de Motrico y Calafell y, sobre todo, de Pitillas, el pueblo navarro de donde era originario el obispo. Llegan artistas de toda España y extranjeros y se crea un taller de escultura de gran nivel A los tres años los fondos se agotaron y las obras se tuvieron que suspender. Se había fundido un 40% más del presupuesto, pero sólo se había construido una quinta parte. Se ha acabado la cripta, y el templo hasta una altura de 8 metros. La labor artística de claves, capiteles y frisos es formidable.

«Ruinas y raspa»

Las llamadas «ruinas» de la catedral permanecen paradas treinta y dos años. La cripta sirve de refugio durante los bombardeos aéreos de la Guerra Civil. Se crea una leyenda sobre un río subterráneo que inunda la cripta y se sacan canciones como la raspa cantada con la letrilla «larán, larán».

En 1945, Miguel Apraiz, hijo de Julián, se hace cargo de la dirección de la obra que impulsa el obispo Ballester. Se cuenta. incluso, que Franco se implicó en la terminación. Los fondos llegan a través de la dirección de Regiones Devastadas. «La terminaron desde Madrid», recalca otro arquitecto de la saga de los Apraiz, Luis Ángel. «Y simplificaron casi todo. Ni torres, ni cimborrio, ni pináculos. Desde luego, no tiene la magnificencia del proyecto original», censura.

Una visita por las escaleras interiores o el triforio, muestra el armazón del edificio hecho con hormigón al que se cubre con piedra artificial. Algunos de estos bloques siguen sin ser colocados. Igual que muchas esculturas a pesar del esfuerzo realizado por artistas como Aurelio Rivas. Aunque Franco inauguró el templo en 1969, hubo elementos como el pórtico que no se acabaron hasta 1973.

Zoilo Calleja está convencido de que si hoy se pide dinero a losfeligreses para acabar la catedral, «nadie daría un duro. Pero sí lo donarían para el Tercer Mundo». Ramón Loza y Alberto González de Langarica resaltan el valor de la escultura, especialmente de la primera etapa. «La cripta, por ejemplo, es un museo de escultura modernista», dice Langarica, cuyo libro se va a reeditar con el centenario.

 
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