Más de trescientas personas celebraron en Ilarduia, Egino y Andoin el Carnaval, un festejo prohibido durante la Guerra Civil que los propios vecinos se han propuesto recuperar, 70 años después.
Alrededor de cincuenta personajes rindieron tributo a Don Carnal en una jornada en la que los ceniceros, los gordos, las puntillas, las cubiertas, el hojalatero, el porrero o las viejas fueron los verdaderos protagonistas de la fiesta. Los disfraces fueron fielmente rediseñados y confeccionados siguiendo el testimonio de los mayores.
Tras una buena comida popular, todos los personajes y los asistentes a la celebración iniciaron el recorrido en Ilarduia, donde visitaron varias casas recogiendo diversos alimentos y materiales. Posteriormente, la colorida y alegre comitiva se trasladó hasta Egino, donde se incorporaron dos personajes más que, tirando de un carro y disfrazados de bueyes, trasladaron a 'El hombre de paja' hasta Andoin. En este pueblo, 'El hombre de paja' fue sentenciado a muerte por ser el culpable de todas las desgracias del pueblo y fue lanzado a la hoguera.
Así, entre bromas y risas, transcurrió una divertida e interesante tarde de Carnaval, que se repetirá sin duda el año que viene.
En la clandestinidad
No obstante, y a pesar de la censura de la época, Fermín Mendigutxia, un vecino de Ilarduia de 89 años, recuerda cómo «a pesar de que los carnavales fueron prohibidos en la Guerra Civil, nosotros seguíamos de algún modo celebrándolo ya que los jóvenes del pueblo nos vestíamos de una forma diferente y organizábamos baile en una casa», relata.