Vitoria es ya casi el doble que hace quince años. No en población, a pesar del paulatino aumento demográfico experimentado gracias a la inmigración, sino en superficie urbana. La capital alavesa ocupa en la actualidad con viviendas algo menos de 19 millones de metros cuadrados, una extensión que se acercará a esta cifra conforme se vayan construyendo los bloques programados en Salburua y Zabalgana, las dos mastodónticas expansiones previstas a este y oeste de la ciudad. Vitoria es más grande que nunca y se enfrenta también a retos «inquietantes». Entre ellos, cómo solventar la movilidad de los vecinos de los nuevos barrios, quizá el que más preocupa.
La capital alavesa entró en los años 90 con una ciudad encorsetada dentro de la llamada 'circunvalación', con huecos aún por rellenar -como San Martín- y con una gran tarea pendiente, la edificación de la gran pastilla residencial de Lakuabizkarra, programada veinte años antes. La ciudad ocupaba 999 hectáreas, casi diez millones de metros cuadrados de suelo urbano residencial. Existían 77.000 viviendas y residían 216.000 vecinos.
«El origen de Lakua fue una situación muy difícil», analiza el ex diputado foral y ex concejal Avelino Fernández de Quincoces, atento a la evolución de Vitoria en el siglo XX. «Lakua se programa en el año 72 e inmediatamente se produce la crisis del petróleo. La construcción y la economía se ralentizan. En los 80, los sucesivos gobiernos de José Ángel Cuerda apuestan por 'rellenar' espacios libres en la ciudad consolidada, como San Martín o Ariznabarra, en lugar de afrontar el nuevo barrio. Hasta mediados de los 90, Lakua apenas existe», remata.
Las estadísticas municipales indican que es precisamente entre 1990 y el año 2000 cuando despegan Lakua y Sansomendi. Entre ambas zonas -que incorporan más de 3 millones de metros cuadrados a la ciudad- albergan la mitad de las casi 13.000 viviendas que gana Vitoria en esa década. En los cinco años siguientes, se sumaron otras 12.000.
Lakua, como nueva ciudad extramuros más allá de la circunvalación-, apenas complació a los acostumbrados a barrios de fuerte densidad. «Pero se hizo lo que ordenaba la ley», recuerda Alfredo Piris, gerente de la sociedad urbanística Ensanche 21, encargada de desarrollar Salburua y Zabalgana. «La legislación marcaba un máximo de 75 viviendas netas por hectárea, y eso es lo que tiene Lakua», agrega. Que las grandes avenidas y la escasa tensión urbana de la zona sorprendiera a los vitorianos era normal. En el Ensanche existen casi 150 viviendas por hectárea; en Judimendi, 203 y Coronación, 244. En Salburua y Zabalgana se ha aplicado un modelo parecido al de Lakua, con similares densidades, «pero actualizado», dice Piris. Para Fernández de Quincoces, ello es una de sus principales rémoras. «Es un urbanismo de hace 30 años. Con eso está dicho todo».
El reto, la movilidad
Vitoria saltó de escala en el año 2000. El acuerdo PP-PSE para lanzar un «plan de choque» contra la carestía de la vivienda fue el arranque de la urbanización a marchas forzadas de Salburua y Zabalgana, donde se previeron unas 21.000 viviendas que luego se aumentaron hasta 24.700, con una reserva superior al 75% para VPO, sin parangón en Euskadi. La capital rondaba los 220.000 habitantes y se preparaba para sumar 6 millones de metros cuadrados a su superficie urbana, tarea que prosigue en la actualidad y que «finalizará en cuatro o cinco años», dice el concejal de Urbanismo, Jorge Ibarrondo. «La urbanización, el saneamiento... supone una inversión fortísima, de unos 370 millones de euros. Hemos sumado a la ciudad unas 150 calles».
La ampliación de la ciudad a Este y Oeste implica nuevos retos. El más importante es la «movilidad» de estos nuevos vecinos, coinciden los expertos. Tuvisa ha sumado desde los años 90 seis líneas a su red de itinerarios y se construye un tranvía de 100 millones para conectar Lakua y el centro. Pero los residentes de Salburua y Zabalgana tendrán otras necesidades de desplazamiento que sólo podrán cubrir con su vehículo privado. «Las infraestructuras están previstas correctamente, salvo algunos 'puntos negros' como el enlace de Zabalgana con la calle Castilla o el recorrido para llegar al centro desde Salburua», apunta el jefe del servicio municipal de Tráfico, Iñaki Sagardoy. «Pero si la política sigue siendo dar prioridad absoluta al coche, tenemos un problema», advierte.
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