En Espejo, se palpaba ayer un sentimiento agridulce: el sector de la patata vive una etapa de recuperación, pero se encuentra todavía lejos de sus mejores momentos. Y es que, aunque la campaña de 2006 ha sido «una de las mejores» de los últimos años, los productores alaveses no terminan de ver la luz al final del túnel.
«Éste es un sector que oscila mucho. Hemos pasado unos años fatídicos y, aunque éste está siendo bueno, el futuro continúa siendo incierto. El problema es que cuando arranca la campaña no se sabe cómo se va a desarrollar», lamentaba ayer Pilar Barricat, una agricultura de Espejo. Y es que, aunque en 2006 se cultivaron 1.865 hectáreas -el 18% de la superficie total de España-, Pilar sostiene que «cada año se siembra menos».
¿La razón? «En términos generales, ya no nos sale rentable porque para que se dé un año bueno tenemos que pasar cuatro malos», exponía resignada. En esta misma dirección apuntaba también Txema Alonso. Y es que, este productor bilbaíno, a quien la mañana se le dio ayer «bastante bien» -«he traído mil kilos y ya no me queda apenas nada»-, no ve más solución que «cambiar de profesión».
«El mercado fluctúa mucho, depende en exceso de las subvenciones de la Unión Europea y lo cierto es que en cuanto comienzas a hacer números te das cuenta de que las cuentas no cuadran». Aun así, todos coincidían en señalar ayer en Espejo, donde se celebró con un notable éxito de público la decimoquinta edición de la Feria de la Patata de Valdegovía, que «este tipo de fiestas son muy importantes para dar a conocer y relanzar el producto».
Los datos así lo confirman. Porque, aunque compitiera en protagonismo con la intensa lluvia que terminó por deslucir la jornada, la patata fue el producto 'estrella' de una cita en la que se pusieron a la venta 24.000 kilos de tubérculo: 4.000 de siembra, a 18 euros el saco de 25 kilos, y 20.000 de consumo, a 12.
La jornada se completó con la tradicional degustación del producto, que en esta ocasión llegó en forma de caldereta de patata con setas. La feria de artesanía, con productos de la tierra, y un torneo de aizkolaris sirvieron también para animar una mañana gris y para ayudar a relanzar el que un día fue el buque insignia del sector agrario alavés.