Habrá derribo «inmediato». La vanguardista cafetería construida hace ya siete años por el Ayuntamiento en el paseo José Erbina, junto a la estación de Renfe, será al fin demolida en parte, lo que pone fin al rosario de pleitos que ha protagonizado un local que jamás ha podido inaugurarse. El Gabinete Alonso afirmó ayer que acatará «ya» el último fallo del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que confirma una sentencia anterior y determina que el inmueble debe efectivamente derribarse y que debe asumir la obra el Consistorio en un plazo de dos meses, tal y como desveló EL CORREO. Las arcas municipales sufragarán por tanto la nueva obra, que consistirá en 'morder' 38 centímetros a la fachada trasera, confirmó el concejal de Urbanismo, Jorge Ibarrondo.
El Ayuntamiento empezó a construir este edificio con aires marineros en enero de 2000, pero enseguida se topó con una denuncia de Renfe, que se quejaba de que el bloque de hormigón y cristal «invadía» suelo de su propiedad -entonces se habló de 85 centímetros-, lo que paralizó los trabajos. Aquel verano, el Ministerio de Fomento permitió que las obras siguieran, pero entonces fueron los vecinos quienes reclamaron a la Justicia el derribo del bar-restaurante porque les restaba visibilidad. Una doble sentencia les dio la razón. Primero, en septiembre de 2003, el Tribunal Superior concluyó que había que derribar una parte del edificio. El Supremo ratificó ese fallo en octubre de 2005, tras desestimar las alegaciones de Alonso.
Pensar un nuevo uso
El alcalde siempre se ha resistido a cumplir esas sentencias e incluso pensó en trasladar allí algunas oficinas municipales, como la sede del departamento de consumo. Nunca lo hizo, e incluso tuvo que vallar la cafetería porque se convirtió en refugio de toxicómanos.
En 2006, los residentes volvieron a los tribunales, después de que el Consistorio y el Gobierno central entraran en un rifi-rafe por quién debía hacerse cargo del derribo. Ahora, el Tribunal Superior insiste en que la competencia es del Ayuntamiento.
Ibarrondo explicó ayer que se demolerá una superficie de 20 metros de largo por 38 centímetros de profundidad antes del plazo. Sus técnicos definirán el martes cómo abordar el proyecto. El edil insinuó que más tarde «podremos plantearnos el uso» del edificio, aunque no dio más detalles.
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