Jueves, 15 de febrero de 2007
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SOCIEDAD

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«Cuando te dicen que tu hijo tiene cáncer sólo piensas en la muerte»
Cinco padres relatan para EL CORREO cómo han afrontado el tratamiento de los tumores que padecían sus hijos en el día mundial de estos enfermos
«Cuando te dicen que tu hijo tiene cáncer sólo piensas en la muerte»
ESPERANZA. Claudia Martín y Ariane Ortés desfilan con garbo, bajo la mirada atenta de Paula Hernández, que espera su turno. / MITXEL ATRIO
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LAS CIFRAS DEL CÁNCER
Cada año se diagnostican 700 nuevos casos en España de niños que padecen cáncer.

En Euskadi, esta cifra se queda en 75 casos, que se distribuyen por los tres territorios de forma proporcional a su población.

Los cánceres más frecuentes en niños son las leucemias, los del sistema nervioso y central y los linfomas.

Los expertos aseguran que tres de cada cuatro niños afectados menores de catorce años se curan a los cinco años.

En España hay aproximadamente un centenar de pediatras especializados en oncología infantil.

En Euskadi son seis los expertos: cuatro trabajan en el hospital de Cruces, uno en el Donostia y otro en el de Basurto.

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Félix Peña aparcaba su coche un día ante el hospital de Cruces cuando un desconocido le abordó. «Oiga, ¿usted cree en Dios?», le espetó a bocajarro el hombre, de etnia gitana. Sorprendido, Félix pudo articular una respuesta contundente.«No». «Pues hay que creer», le reprochó el otro mientras cerraba su vehículo. Peña, plegador de chapa en una empresa de Llodio, arqueó las cejas y exhaló: «¿Seguro? Suba usted al sexto piso y luego hablamos». Era la planta de Oncología Infantil, donde su hijo, de 24 meses, estaba ingresado.

Cada año se diagnostican en Euskadi 75 nuevos casos de niños que padecen cáncer. En España, la cifra se eleva hasta los 700. Y ni padres ni médicos se acostumbran a estas noticias. «Cuando me dijeron que Aitzol tenía un tumor me quedé clavado», recuerda Félix. Fue un golpe «brutal». «Y yo que había sido el que insistió a mi mujer para tener otro hijo por si le pasaba algo a la mayor...». En esos momentos, cuenta, «sólo piensas en la muerte».

Él no sabía entonces que la realidad es bien diferente. Que tres de cada cuatro chicos con cáncer logran superar completamente la dolencia a los cinco años, según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). La luz al final del túnel, por tanto, existe, aunque muchos no logren verla. Camino González, por ejemplo, no quiso saber cuál era el tamaño de su resquicio para la esperanza.

«A Paula le descubrieron una leucemia linfoblástica aguda con pronóstico de alto riesgo. A los quince días, pasó a ser de muy alto riesgo y ni mi marido ni yo quisimos saber de estadísticas», explica la mujer. La niña tenía entonces siete años y lo único que había preocupado a su familia era su tez demasiado blanca. «¿Yo la había llevado al pediatra sólo porque estaba pálida!», suspira. Tampoco supo encajar el diagnóstico a la primera: «Al de unos días tuve que llamar al médico para pedirle disculpas. No sé las perrerías que pude decirle».

El 'shock' inicial

Hoy se celebra el Día Internacional del Niño con Cáncer, una fiesta que para estas dos familias cobra una dimensión muy especial porque sus hijos participarán esta tarde en el desfile que ha organizado la asociación de padres de niños afectados por esta enfermedad de Vizcaya, Aspanovas. Pero también es una jornada reivindicativa cuyo objetivo es llamar la atención de la sociedad sobre una patología invisible que ataca a un colectivo al que no se le suponen dolencias tan devastadoras. «Te preparan para que las sufran personas mayores», argumenta Camino.

Encajar un revés de esta potencia no es fácil. Belén Fernández, psicóloga de la AECC desde hace catorce años, lo explica con claridad: «Primero se hunden. Tanto las familias como los enfermos entran en 'shock' y aparecen los miedos. Luego, van superando la incertidumbre y confían en el tratamiento». El ejemplo de Amaia Valle sigue a pies juntillas lo que describe la experta: «Al oír lo que tenía Aritz se me cayó el mundo encima, pero en seguida pensé que iba a hacer todo lo posible por salvarle».

Su diagnóstico era el más común entre los menores de catorce años: leucemia. «Me dijeron que había un 80% de posibilidades de curación», apunta Amaia. Y el pequeño, que entonces contaba dos años y medio y ahora tiene siete, las aprovechó todas. Su madre dice que aún no está sano -«hasta que no tenga el alta...»-, pero ha pasado el trago más duro. Ya ni sabe de su estancia en el hospital: «¿Cuándo fue?».

Daniel Molina, en cambio, sí se acuerda de esos momentos con su hijo Alejandro, aunque no le gusta recordarlos. «Es algo que pasó. Y fue duro. Pero ya está». Su caso es «de examen» porque el pequeño, además, tiene síndrome de Down. «Aunque parezca que no, eso le favoreció», dice este dentista bilbaíno. Las estadísticas aseguran que las posibilidades de curación de esta dolencia aumentan en ese colectivo. El cáncer, en el fondo, es también una enfermedad caprichosa. Aún así, 'Ale' tuvo que pasar por un transplante de médula «autólogo», es decir, de sí mismo. «Es un campeón», dicen los que le conocen.

«Un regalo» hecho días

Tuvo suerte. Por lo menos más que Paula, aquella niña pálida, que pasó por momentos realmente críticos. «No encontrábamos donante compatible. Lo intentamos todo. Incluso fuimos a Bruselas para conseguir que nos dejaran tener un hijo a la carta y curarla. Pero tampoco lo logramos», relata Camino. La solución vino con un tratamiento «experimental» de quimioterapia que «mezclaba diferentes tipos de drogas» y duró «medio año más» de lo normal. Eso sí, funcionó. A Paula le dieron el alta hace «156 días», aunque todavía va a revisiones. «Lo cuento en días porque son un regalo», explica su madre.

Los niños sí que están hecho de una pasta especial, según sus familias. «Son capaces de darle la vuelta a todo», reconoce Juan Carlos Fernández, presidente de Aspanovas. Su hija Sara tiene 14 años y también pasó por la unidad de Oncología Pediátrica de Cruces. Sin embargo, ahora, esta estudiante de 3ª de ESO piensa en el futuro. «Dice que quiere ser profesora de Educación Infantil... No sé», ríe su padre. Como Aritz, que también lo tiene claro: «Quiero hablar en la radio, como mi aita». Camino, sin embargo, no se atreve a hacer planes. «Aún no tengo visión a largo plazo». Por eso, cada vez que Paula llega a casa, mira «si tiene moratones». El miedo persiste.

 
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