Aurora Navajas lleva más de tres décadas dedicada a los niños. Desde hace años dirige la Unidad de Oncología Pediátrica del hospital de Cruces, un servicio de referencia que trata una media anual de 24 casos nuevos.
-Decir a un padre que su hijo tiene cáncer no es fácil.
-Lo tiene que hacer un especialista, no personas que aún están formándose. Y ha de ser un proceso elaborado. La experiencia ayuda mucho.
-El despacho ¿es el lugar adecuado?
-Hay que hacerlo en un ambiente íntimo, confidencial, sin interrupciones y en el que los padres puedan llorar y preguntar.
-¿Quedan ganas de hablar después de la noticia?
-Al principio se quedan bloqueados y pierden la capacidad de diálogo. Los comentarios se hacen en veces sucesivas.
-El médico tiene que ofrecer su hombro para llorar.
-Sí, pero hay que ser profesional. Tan mala es la tirantez como la excesiva confianza. Además, los padres no buscan eso en nosotros.
-¿Hay un tono para dar a conocer este tipo de diagnósticos?
-Tenemos que utilizar un lenguaje médico adecuado y que se entienda. No hay que olvidar que eres la persona que va a intentar salvar la vida de su hijo. Hay que ser imparcial, honesto y humano.
-Algunos padres no les dicen a sus hijos qué tienen.
-Es una decisión personal, pero creo que todos los niños deberían saber lo que les pasa y cuál es su alcance. Igual no puedes usar la palabra cáncer, pero sí decirles que tienen una enfermedad y que si no se tratan, van a tener problemas.
-¿Es más difícil hablar con los adolescentes?
-Es un reto. Lo que no debe pasar es que sean los eternos olvidados.
-Uno de los momentos críticos es cuando un pequeño pregunta si puede morirse.
-Pues hay que decirles que sí, que puede pasar. También hay que valorar lo que pueden entender y lo que no, claro. De todos modos, si no se lo dice la familia, se pueden enterar por los amigos.
«Parte de la vida»
-¿Cáncer es igual a fallecimiento?
-No, no. Todo lo contrario. Se cura y las cifras así lo confirman. El problema, de todos modos, es que en la sociedad nadie quiere hablar de la muerte. Y es parte de la vida.
-Pero decirle a una madre que su hijo se está muriendo...
-No se hace de repente. Es un proceso, y le vas preparando.
-Tras el alta, muchas familias tienen miedo.
-Es una reacción natural. La espada de Damocles la tienen hasta que pasan muchos años. De hecho, a veces, cuando les dan el alta, te abrazan, lloran y te preguntan: '¿Y ahora qué hago?'
-¿Qué les dice?
-Que me manden una postal de Navidad, por ejemplo. Y me cuenten qué tal están.
-Ustedes tienen que estar hechos de una pasta especial...
-No. Para dedicarse a la Medicina, sobre todo a la Clínica, hay que ser un humanista.