-Segoviano de nacimiento, vallisoletano de adopción y extremeño de convicción.
-Mi tierra es Segovia, pero la vida te va haciendo de donde vas. Mi padre obtuvo una plaza de ATS en Valladolid cuando yo tenía cinco años y estuve allí hasta los 22. Es donde me crié, donde están casi todos mis amigos, donde empecé a jugar en Maristas... y mi mujer y mis hijos son extremeños.
-¿Para qué iba cuando le enganchó el baloncesto?
-Soy ATS. He ejercido año y medio en Villanueva de la Serena. No me gusta. Quería haber sido licenciado en INEF. Cuando fui a Madrid a hacer los exámenes de ingreso, en los que estaba Fernando Martín, suspendí las pruebas físicas y me decepcioné mucho. Empecé a entrenar y jugar. En Palencia hice los primeros pinitos.
-Pero dice que quizá no aguante demasiado en este mundillo.
-Me gusta mucho el campo, la soledad. Mis suegros tienen en Extremadura unas hectáreas de árboles frutales y me veo por allí en un futuro para nada lejano. Me siento muy feliz en Villanueva de la Serena. No tengo tanta adrenalina como otros entrenadores, una dependencia de entrenar a cualquier precio. Estoy bien, pero sin más.
-Ser el yerno del presidente del Doncel, ¿le enseñó a aceptar las críticas?
-Primero me casé y después mi mujer fue la hija del presidente. Por eso me fui de Villanueva, del Doncel, para demostrar que quería ser alguien por mí mismo. Me fui a Peñarroya, Córdoba, a los dos años de casado a un equipo de inferior categoría y cobrando sólo los gastos. Iba y venía en coche desde Villanueva, a 200 kilómetros, cuatro días a la semana. Luego iba los jueves y me quedaba allí en un hotelito hasta el partido del sábado. En el hotel no había tele y pensaba, seré gilipollas, aquí tirado un jueves, con mi mujer a 200 kilómetros mientras podía estar con ella y entrenando allí a un equipo de LEB-2. Pero fue un año bonito porque la gente me agradeció mucho el esfuerzo que hice. Luego llegaron los ciclos de tres años en Tarragona, Algeciras y aquí. Son casi nueve años fuera del pueblo y tengo ganas de volver.
-¿Por qué San Sebastián?
-Tengo un amigo íntimo aquí, Pepe Alonso, que jugó en el Caja Bilbao. Por eso venir a San Sebastián era una opción cómoda desde el punto de vista familiar. Me llamó Miguel -Santos- , quedamos en hablar en persona mirándonos a la cara, lo hicimos durante tres horas en el hotel Londres y los dos fuimos muy claros y, sobre todo, muy sinceros.
-¿Cuál fue su primera impresión sobre la sociedad vasca?
-Muy educada, en el sentido de respeto. Me siento muy a gusto.
-¿Vivir aquí ha hecho que cambie algún punto de vista?
-Creo ciegamente en el diálogo, pero te queda la duda de que no quieren realmente que esto se solucione. Todo en la vida tiene un acuerdo.