Los propietarios de los 300 perros peligrosos censados en la ciudad son cada vez más respetuosos con la normativa, que pone condiciones relativamente estrictas a la tenencia de estos animales y a su libre circulación por calles y parques. Y es que, según aseguran fuentes de la Policía Municipal, «el número de denuncias se ha rebajado casi un 41% en el último año».
Los agentes locales abrieron el último año 93 expedientes -64 menos que en 2005- a los dueños de este tipo de canes considerados de especial riesgo, tras haber detectado que habían incurrido en diferentes tipos de infracciones. En 35 casos intervinieron porque no llevaban a los perros atados con la correspondiente cadena y en otras 35 ocasiones, por llevarlos sin bozal.
El motivo de la denuncia otras 21 veces fue más burocrático -la falta de la correspondiente licencia- y en 22 la razón del expediente obedeció a que los animales no estaban, tal y como se exige, dados de alta en el registro. «Este tipo de animales se puso de moda hace unos años pero los requisitos exigidos para su tenencia se han incrementado. La gente ha entendido que hacerse cargo de un perro considerado peligroso conlleva una serie de obligaciones que se deben respetar», explica el oficial de Gestión de la Policía Municipal, José Antonio Ferreiro.
A lo largo de 2006, la Guardia Urbana realizó 241 controles en calles y parques sobre un total de 1.043 perros, peligrosos o no. Los agentes tramitaron, de hecho, más de 300 denuncias causadas por canes normales y motivadas porque los dueños no retiraron las defecaciones de sus mascotas de la vía pública o porque no carecían del microchip obligatorio. Mención especial merece el tema de la correa. «Se detectan muchos más casos de los que se denuncian pero, eso sí, la correa es del todo imprescindible cuando se trata de perros peligrosos o cuando hay menores cerca», expone Ferreiro.
Un niño de tres años
En cualquier caso, «aunque la situación no sea de riesgo y al final no se denuncie, los agentes tienen la obligación de llamar la atención a todos los dueños que incumplen la normativa», añade el oficial de la Policía Local.
Y es que, el hecho de que el perro no sea de raza peligrosa, no impide que el animal ataque o a morder en un momento dado. No en vano, de las doce diligencias que la Policía Local tramitó en 2006 al juzgado por mordeduras de perro, sólo una fue ocasionada por un animal calificado de peligroso.
«Lo más grave es que en un tercio de los casos, los heridos fueron menores -uno de ellos, de tres años- con el riesgo que un ataque de este tipo conlleva para un niño tan pequeño. De ahí, la importancia de llevar atados a los perros».