Los bebés vienen de París, reza el dicho popular, pero también de China, Rusia, Ucrania, Colombia... En estos momentos, según los datos facilitados por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, España es el segundo país del mundo -sólo superado por Estados Unidos- que más niños adopta en el extranjero. Las últimas cifras disponibles, relativas a 2005, revelan que un total de 5.423 menores encontraron una nueva familia en el territorio nacional, aunque la tendencia dibuja una curva decreciente. En el País Vasco, sin ir más lejos, se adoptaron el año pasado 286 chavales, un 8,6% menos que en 2005. ¿El motivo? Un mayor aumento de controles y la imposición de una serie de requisitos más restrictivos en los lugares de origen.
Las estadísticas que manejan las tres diputaciones vascas, encargadas de recibir y tramitar las solicitudes internacionales, revelan que casi la mitad de los niños adoptados el año pasado procede de Rusia. En el segundo lugar se sitúa China y, a gran distancia, les siguen Ucrania y Colombia. Son precisamente Pekín y Moscú -aglutinan más del 70% de las concesiones- los que han puesto las mayores exigencias normativas para las parejas que sueñan con convertirse en padres. Las autoridades chinas, por ejemplo, anunciaron hace unos meses que, a partir del próximo 1 de mayo, los candidatos no podrán ser solteros ni tener más de 55 años; tampoco se admitirá a los obesos y a los que se han divorciado más de una vez. El efecto, en más de un caso, ha tenido un impacto disuasorio y desalentador.
Rusia es el segundo país del mundo que más niños concede en adopción (9.345) -China encabeza el ránking con 13.418, según las cifras de 2004-, pero su Gobierno advirtió de que realizaría cambios en su sistema normativo y avisó de una revisión de todas las acreditaciones concedidas a las asociaciones que actúan como intermediarias. Con estos antecedentes, desde el verano pasado se suspen- dieron todos los procesos en Moscú, que afectaron tanto a España como al resto de los países interesados, lo que derivó en un aumento de las listas de espera y la desesperación de muchas parejas solicitantes.
En el País Vasco, a pesar de la caída de las adopciones internacionales, se ha producido un fenómeno curioso. Mientras que Guipúzcoa y Álava marcan una tendencia a la baja, Vizcaya destaca precisamente por todo lo contrario; es decir, sube tanto el número de las solicitudes como de las concesiones. El año pasado, especifican las estadísticas forales, vinieron un total de 164 niños, siete más que en 2005. La mitad de ellos procede de Rusia, seguidos de China -la inmensa mayoría son niñas, a causa de la discriminación que sufre la mujer en sociedades agrarias-, Colombia y Ucrania, aunque también hubo menores originarios de Nepal y Kazajstán.
Pero la bajada más pronunciada se produjo en Guipúzcoa. Si en 2005 se completaron con éxito 98 adopciones internacionales, el año pasado esta cifra retrocedió hasta las 79. Lo que no ha cambiado, a pesar de la modificación reglamentaria, es la procedencia de los menores. Los rusos y los chinos representan el 70% de los niños que pasaron a formar parte de las familias guipuzcoanas. En cuanto a Álava, el panorama presenta un comportamiento similar. El descenso ha sido de un 25% y más de la mitad de los chavales - de un total de 43- llegó de Rusia y China.
Principales dificultades
Las mayores dificultades con las que se encuentran los solicitantes tienen que ver con los «muros burocráticos» que levantan los países de origen. El abogado José Ignacio Martínez trabaja para Asefa, una de las asociaciones integradas en la red Ecais, esto es, entidades colaboradoras -homologadas por el Gobierno vasco- que participan en el proceso de adopción internacional. El letrado, especializado en Rusia, asegura que las autoridades de este país son «muy rigurosas con los expedientes». «No se te puede traspapelar ni una hoja», advierte. Además, al tratarse de un «sistema federado», cada zona tiene su propio protocolo de actuación, algo que complica aún más el volumen y la naturaleza de las gestiones. «Pero si todo va bien, puntualiza, la adopción se hace realidad en unos 18 meses». El coste de toda la operación, calcula el experto, oscila entre los 18.000 y los 24.000 euros.
La adopción internacional, en estos momentos, puede ser «plena» o «simple». La primera hipótesis implica una nueva relación familiar equiparada plenamente a la biológica. Esto quiere decir que, salvo excepciones legalmente previstas, el proceso encierra una ruptura de vínculos personales, familiares y jurídicos entre el hijo adoptivo y sus padres biológicos. En el segundo caso, sin embargo, no se dan las condiciones anteriores, aunque esta forma adoptiva no está reconocida hoy en día en el ordenamiento jurídico español.
Al margen de los requisitos diseñados por los propios países de origen, que pueden ser múltiples y variados, la legislación española también impone una serie de criterios de obligatorio cumplimiento. Los solicitantes, por ejemplo, deben ser mayores de 25 años, tener al menos catorce más que el adoptado y acreditar un certificado de idoneidad expedido por la entidad pública competente -en el caso del País Vasco, las diputaciones-. Finalmente, si todo se desarrolla con normalidad y sin dificultades burocráticas, el proceso se cierra en un período que oscila entre los ocho y los veinte meses.