La Diputación alavesa lanzó ayer un señal de alarma ante la expansión del lobo, que mata ya a 150 ovejas al año y ocupa 1.800 kilómetros cuadrados, el triple que hace veinte años. Con estos datos en la mano, la titular foral de Medio Ambiente, Marta Alaña, explicó en las Juntas Generales la necesidad de frenar el avance del depredador por la provincia. «Aunque es cierto que estuvo hace tiempo al borde de la extinción, está lejos de desaparecer y se encuentra en clara expansión. Debemos hace algo», lanzó Alaña, que compareció a iniciativa propia.
El crecimiento del lobo por suelo alavés es imparable desde hace ya dos décadas, por lo que la Administración alavesa no considera correcta su presentación como una especie en extinción, difundida por algunos ecologistas.
Hace veinte años se movía en en cuatro cuadrículas de 100 kilómetros cuadrados cada una. Ahora lo hace por 18, es decir 1.800 kilómetros cuadrados. Pero no siempre está en los mismos lugares. Las manadas «saltan constantemente entre el norte de Burgos y el occidente de Álava», detalló Alaña, el punto más caliente de la provincia y donde se concentran los ataques.
Por todo ello, la diputada de Medio Ambiente estima que hay que tomar «decisiones importantes» sobre el lobo a corto plazo. Una de ellas es definir su marco legal. «Ahora no es una especie protegida, pero tampoco tiene carácter cinegético».
La solución, a juicio de Alaña, es «buscar un equilibrio» entre los que abogan por su protección incondicional y quienes piden su total erradicación.