Sábado, 24 de febrero de 2007
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ÁLAVA
«Lo nuestro es sortear obstáculos»
EL CORREO acompaña a Igor Navarro y Silvia Apodaca, dos discapacitados físicos en el reto de ascender a lo alto de la colina de Vitoria
«Lo nuestro es sortear obstáculos»
Silvia Apodaca baja en paralelo a las rampas asida a la barandilla.
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Igor Navarro y Silvia Apodaca se pusieron ayer el reto de acceder hasta lo alto de la colina de Vitoria desde la plaza de la Provincia. No era fácil desafío. Y es que, al margen de la naturaleza orográfica del terreno -idéntica, y ya de por sí complicada, para el común de los mortales- las condiciones de accesibilidad a la almendra medieval para quien no puede caminar o lo hace con serios impedimentos se tornan «imposibles». «Lo mismo que coger un taxi», apunta Igor nada más llegar a la cita. «Hay once adaptados, pero 'pillar' uno es una odisea». Ayer, sin ir más lejos, no lo consiguió. Primer obstáculo de un largo cúmulo de despropósitos.

Desde la plaza de la Provincia, a escasos metros del cantón de La Soledad, Igor y Silvia no pueden evitar hacer alusión a la instalación de las rampas mecánicas. Los andenes han aliviado la subida al centro cultural Montehermoso, pero la pronunciada pendiente continúa siendo insalvable para muchas personas que sufren algún tipo de discapacidad física. «Que quede claro que no estamos en contra de las rampas, pero creemos que el Ayuntamiento debería haber convocado un concurso público al que hubieran tenido la oportunidad de concurrir proyectos integrales que garantizaran la accesibilidad para todos», dice Igor antes de emprender el ascenso.

Cinco veces más

O más bien, el rodeo. Porque eso fue lo que tuvieron que dar ayer los dos jóvenes para llegar hasta la casa Etxanobe, donde se ubican, entre otros, los servicios municipales de Igualdad y Juventud. Y es que el recorrido que a una persona sin discapacidad le hubiera supuesto apenas cuatro minutos, a ellos les llevó completarlo cinco veces más. El tiempo que tardaron en enfilar la calle Diputación, ascender por la plaza de la Virgen Blanca, atravesar Mateo de Moraza, dar la vuelta por la cuesta de San Vicente y recorrer la calle Santa María hasta llegar a su destino. Y eso que era la alternativa más corta.

Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. Y es que, una vez en lo alto de la colina, EL CORREO pudo comprobar 'in situ' cómo franquear en silla de ruedas la puerta de acceso a la Casa Etxanobe es literalmente imposible. «Para empezar, ni siquiera llego al timbre y, aunque lo hiciera, sería imposible sortear sin ayuda el escalón», se lamentaba Igor. «Resulta irónico que en este edificio se ubique precisamente el servicio de Igualdad», apuntaba Silvia.

Tampoco el centro cívico de El Campillo se salva de las iras de ambos jóvenes. «Mira qué puerta. Para empezar, se abre hacia ti mismo y, además, pesa una tonelada. Y luego está el hecho de que para coger el ascensor tengas que andar pidiendo la llave, lo que no garantiza tu plena autonomía», argumenta Igor.

Una vez arriba, toca bajar de nuevo. A Igor, en silla de ruedas, no le queda otra que dar de nuevo la vuelta al ruedo. Silvia, apoyada en sus muletas y asida a la barandilla, se atreve a descender en paralelo a las rampas. El cansancio se es ya más que evidente en su rostro.

 
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