Sábado, 24 de febrero de 2007
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ÁLAVA
Veinte edificios públicos siguen siendo inaccesibles un año después de la denuncia de los discapacitados
Tan sólo Egailan, el servicio vasco de Empleo, instaló una plataforma hace doce meses, cuando Eginaren Eginez puso de relieve las barreras arquitectónicas
Veinte edificios públicos siguen siendo inaccesibles un año después de la denuncia de los discapacitados
IMPOSIBLE ENTRAR. Igor Navarro no podría acceder nunca a la Casa Etxanobe sin ayuda de otra persona. / FOTOS: BLANCA CASTILLO
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Renovar el DNI, sacar dinero de un cajero, comprar una entrada de cine, ir al servicio o depositar la basura en un contenedor son acciones cotidianas en las que casi nadie repara. Tareas en apariencia sencillas que, sin embargo, convierten el día a día de muchos discapacitados físicos en una auténtica «carrera de obstáculos».

Así lo denuncia la asociación de personas con discapacidad física de Álava, Eginaren Eginez, que, una década después de la aprobación de la Ley de Promoción de la Accesibilidad, ve con impotencia cómo una veintena de edificios públicos de Vitoria sigue incumpliendo de forma flagrante la normativa. Y lo hace porque esos inmuebles tienen escalones en la entrada, poseen puertas demasiado pesadas o carecen de ascensores en el interior. De esta lista negra no se salva ninguna institución, aunque es el Ayuntamiento -por ser el que más edificios posee en la ciudad- el que sale peor parado. El Consistorio y la Diputación han invertido mucho dinero en salvar estos obstáculos, pero la situación apenas ha mejorado en estos puntos concretos.

El máximo exponente de barreras arquitectónicas se encuentra en la Casa Etxanobe, en El Campillo, donde se ubican los servicios municipales de Igualdad, Juventud, y donde el miércoles se inaugurará el nuevo gabinete de atención psicológica para jóvenes de entre 13 y 30 años. «El timbre está muy alto, tiene un escalón a la entrada y tres pisos sin ascensor, por lo que toda su oferta excluye de raíz a las personas con movilidad reducida», denuncia a EL CO-RREO Elena Ávalos, trabajadora social del colectivo, que aglutina a 1.500 discapacitados.

Situaciones similares se dan también en el propio registro municipal, en la plaza de España, o en el edificio de la Hacienda local, si-tuado entre las calles Dato y General Álava. «En el Ayuntamiento, por ejemplo, ninguno de los baños está adaptado -explica Elena Á-valos- mientras que en el edificio de Hacienda, la plataforma no funciona». «Aun así -añade Igor Navarro, miembro del colectivo- las plataformas elevadoras no son más que un parche para la autonomía, ya que funcionan a través de dispositivos con llave que no garantizan que una persona con discapacidad pueda usarlos de manera autónoma».

Las farmacias, un ejemplo

En este sentido, Eginaren Eginez reclama a las instituciones que «supriman» las barreras arquitectónicas que todavía existen en muchos edificios públicos y les insta a que sigan el ejemplo de las farmacias. «Resulta paradójico que sea la iniciativa privada la que tenga que dar ejemplo, pero lo cierto es que son cada vez más las farmacias que han rebajado su acceso a la cota cero y que están instalando puertas automáticas», expone Navarro.

Si la Administración pública adoptara estas mismas medidas se conseguiría que lugares como la Agencia de Renovación Urbana o el Palacio de Villasuso dejaran de ser infranqueables para las personas con movilidad reducida. En el edificio de la plaza del Machete, por ejemplo, el escalón de la puerta de acceso obliga al discapacitado a «esperar a la intemperie a que el conserje se dé cuenta de que has llegado y coloque la rampa de quita y pon de la que disponen».

Por el momento, sólo el Gobierno vasco parece haber tomado cartas en este asunto. No en vano, la sede de Egailan (el servicio de empleo) de Nieves Cano colocó hace ahora un año una plataforma elevadora después de que Eginaren Eginez denunciara en este diario el incumplimiento de la Ley de Accesibilidad por parte de la Administración pública. «Ahora hace falta que los demás cumplan también la ley y que la hagan cumplir», animan desde el colectivo, en alusión a la concesión de licencias de apertura de nuevos locales de iniciativa privada, pero de uso público -pescaderías, panaderías o cafeterías- que, según Eginaren Eginez, «siguen abriendo sus puertas sin cumplir las condiciones de accesibilidad».

 
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