Susurros, lamentos y lágrimas. Los padres de Asier Velasco administraban ayer su tristeza con serenidad. Su hijo de 30 años había muerto, «era el 'peque' de la familia», y en la casa se respiraba dolor por los cuatro costados. Una llamada de teléfono les sobresaltó el domingo por la noche para quebrar la rutina de unas vidas similares a las de miles de familias de clase media. «Todavía no sabemos qué ha podido pasar».
La cita con el periodista tiene lugar en la cocina de los Velasco, convertida en un pequeño confesionario para recordar «lo buen chaval» que era Asier. Su padre, José Antonio, rememora las veces que fueron de caza a su pueblo, el municipio navarro de Lodosa. «Le encantaba cazar. Íbamos los dos juntos y nos lo pasábamos muy bien». Una de sus hermanas -tiene otro hermano que vive fuera del País Vasco- asegura que «era muy amigo de sus amigos. Si alguien le pedía un favor se desvivía por ayudarle. Nuestro 'peque' era todo corazón».
Nadie se explica lo sucedido. Las preguntas abundan y las respuestas escasean. Toca esperar. La familia se queda con el recuerdo de un chaval que les dejó sin despedirse. A Asier le perdía el fútbol, «era del Athletic», y siempre que podía se iba de pesca; «por no hablar de su afición a los puzzles», apunta su hermana. Hace un tiempo les presentó a Pamela, su novia, «una chavala majísima», que fue un par de veces con los Velasco al pueblo. «Intentamos hablar con ella después de los sucedido el domingo, pero no fue posible». La joven, según los padres de la víctima, estaba en un estado de 'shock'.
Asier se ganaba la vida como albañil escayolista desde los 19 años. «Era el mimoso de la casa», recuerda su hermana. Cuando apareció Pamela en su vida, «su tercera novia formal», su corazón dio un vuelco. «Se enamoró de ella nada más verla. Le encantó desde el primer momento», rememora su padre. Todos coinciden en señalar que el joven defendía a su amada a capa y espada. «No permitía ni una mala palabra sobre ella».
Uno de sus amigos, que prefiere guardar el anonimato, asegura que «estaba un poquito loco, con sus cosillas, pero con un corazón enorme. No le cabía en el pecho». A Asier le gustaba salir y pasárselo bien, «como a todos los chavales de su edad», y disfrutar de una vida que rasgó un certero cuchillo.