El polémico proyecto de Alonso para reformar la plaza de la Virgen Blanca, «en suspenso» ante la controversia generada en la sociedad, se sometió ayer a la lupa de arquitectos, historiadores y arqueólogos en un debate organizado por la Sociedad Landázuri. Y la opinión más extendida entre estos agentes culturales y el público es que la visión renovada de la postal de Vitoria -sin jardines y con fuentes-, defendida por el alcalde «ganaría como lugar de encuentro».
El arquitecto municipal Eduardo Rojo, autor de esta remodelación, argumentó que la plaza actual «es bastante impresentable». También apostó por eliminar los jardines que, «aunque nos gustan mucho, aquí no pegan, es un derroche del espacio público». Con él coincidió el presidente del colegio de arquitectos, Ángel Luis Bellido, quien calificó el proyecto como «bueno» y en el que los parterres «sobran».
El arquitecto foral José Luis Catón, autor de edificios como el Artium o el 'búnker' de Hacienda no ahorró en elogios. «Es una reforma magnífica, bien razonada y construida. Su recuperación como espacio público me parece esencial y los jardines son forzados». Incluso arremetió contra el Ayuntamiento por su «pésima gestión municipal con sus vacilaciones» y tachó de «perversas» iniciativas de la oposición, como la de someter el proyecto a la «crítica plebiscitaria». PNV, EB y EA han recogido firmas para tratar de someter a referéndum la reforma.
El arqueólogo Armando Llanos apoyó también la remodelación, aunque reconoció que la polémica surgida se debe «a que estamos acostumbrados a ver una cosa y cuesta cambiarla». Sólo el historiador Carlos Ortiz de Urbina se mostró crítico con el proyecto. «Lo veo factible, pero es rupturista con el entorno, no me satisface como un lugar de transición entre un barrio neoclásico y el Casco Viejo. Perderíamos parte de nuestro patrimonio visual».
Párking y fuentes
El público se contagió del entusiasmo de la mayor parte de los contertulios. «Hermoso, buen trabajo o bien hecho» fueron algunos de los piropos más repetidos. También abundaron las propuestas. Una vecina de la misma plaza sugirió la posibilidad de «construir un gran párking subterráneo». Otro aportó la necesidad de «agrandar la plaza hasta las calles colindantes, con mesas y muebles para estar allí». Algunos incluso llamaron la atención sobre las futuras fuentes y las rejillas en el pavimento. «El agua podría resbalar y la gente usará las rejillas como cenicero, eso habría que estudiarlo».
El debate tampoco obvió otro tema candente: eliminar o dejar el monumento a la batalla de Vitoria. Aunque los arquitectos Rojo y Bellido optaron por «quitarlo de ahí o trasladarlo», Catón se mostró partidario de dejarlo «ya que es el único y no molesta donde está».