Jueves, 1 de marzo de 2007
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CULTURA

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Es verdad que en lo referente a la transparencia sobre las compras de arte realizadas por el Museo Guggenheim se ha producido un avance sustancial. Un avance impuesto por la lógica y la racionalidad política, ya que la persistencia de la Consejería de Cultura en un arcaico oscurantismo estaba en las antípodas de lo que debía de ser la moderna calidad democrática. Así pues, lo primero es reconocer la rectificación del empecinado, felicitándonos todos por el hecho de que haya entrado en razón, dando cuentas de compras y precios individuales en sede parlamentaria.

Ahora bien, puesta la consejería del ramo a aceptar sin ambages el inevitable 'aggiornamento' en su peculiar concepción de la transparencia en las administraciones públicas, la excelencia hubiera estado en la no presentación de ese informe con el que pretende justificar el mantenimiento de una forma societaria mucho más opaca para las compras. Y es que, en buena lógica mercantil, siempre es más transparente y están mejor protegidos los intereses generales con una sociedad anónima que con otras forma jurídica. Además, ¿a cuento de qué se esgrime en el informe el régimen de mayorías en las sociedades o la praxis empresarial en la constitución de formas mercantiles, cuando de lo que se trata simplemente es de ser más escrupuloso y transparente en el manejo de fondos públicos?

Déjese de complejidades y tecnicismos jurídicos, señora consejera, y comprométase algo más con la claridad, la transparencia y la verdadera calidad democrática.

 
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