Jueves, 1 de marzo de 2007
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Por amor propio
Javier Villalobos regresa a la competición de élite espoleado por el menosprecio de los rivales y gana el Campeonato de España de salto de altura a los 32 años
Por amor propio
COMPENETRADOS. Villalobos y Cid, su entrenador. / JULIO CALLEJA
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JAVIER VILLALOBOS
Nacimiento: 1 de septiembre de 1974 en Ermua.

Altura y peso: 1,90 m. y 76 kg.

Club: Bidezabal.

Entrenador: Antonio Cid.

Especialidad: salto de altura, mejor marca 2,24 m.

Palmarés: Campeón de España absoluto en pista cubierta en Sevilla el pasado 18 de febrero, con 2,15 metros. Antes fue segundo en 1999, 2000 y 2002, y tercero en 2001. También ganó el estatal al aire libre en 1999 y 2001, fue plata en 1996, y tercero en 1995 y 1998. Campeón Nacional promesas en 1996, año en el que fue preseleccionado para acudir a los Juegos Olímpicos de Atlanta.

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Javier Villalobos calmó en Sevilla un resquemor que le reconcomía por dentro. Superó el listón por encima de 2,15 y se proclamó campeón de España en pista cubierta. Ya antes había logrado dos oros, aunque al aire libre,pero nunca una victoria le reconfortó tanto como la obtenida hace dos semanas, con 32 años, seis después de la última, porque tras varias temporadas fuera de escena a consecuencia de las lesiones se había preparado a conciencia para vengar la afrenta que para él supuso sentirse ninguneado por algunos rivales debido a la edad.

«Este título es, con diferencia, el que más me llena, porque quería tapar muchas bocas y lo he conseguido», descarga su rabia el atleta ermuarra, laureado como pocos tiempo atrás y ahora renacido para el deporte de forma insospechada. «Estuve tres años sin apenas competir, por los problemas en ambas rodillas, y luego se acumularon una serie de adversidades, porque al cuerpo le costaba responder a los entrenamientos», evoca el vizcaíno, que consiguió salir del túnel a base de visitar a médicos y de tratamientos sufragados por su bolsillo.

Pero aún faltaba un estímulo definitivo, el verdadero inductor de su regreso a la élite del salto de altura, en la que ha cosechado éxitos a lo largo de más de una década y donde, sin embargo, cuesta encontrar a algún otro saltador competitivo más allá de la treintena. «La gente se había olvidado de mí, como es lógico, y yo seguía a lo mío, intentando recuperarme. No había acudido a los cinco últimos campeonatos de España y saqué las fuerzas para regresar de aquellos que me decían que ya no valía. Eso me hizo volver dispuesto a demostrarles que se equivocaban», confiesa tocado en su orgullo con demasiada asiduidad.

«Es que he aguantado mucho. En una ocasión, el año pasado, un compañero de entrenamiento me dijo: Javi, sé realista; tú ya no puedes saltar más de 1,90. Que te diga eso un chaval te da más fuerzas para resurgir y desde entonces hasta hoy no me ha ganado en ninguna competición», desvela Villalobos, que sólo reclama el respeto al que se ha hecho acreedor. «Un deportista ha de ser valorado en su integridad y, aunque las lesiones me hayan obligado a parar, mi trayectoria está ahí», se reivindica.

Luchador nato

Su entrenador de siempre, Antonio Cid, le ensalza. «Es muy complicado recuperarse de las lesiones que ha tenido, pero más difícil es hacerlo a nivel sicológico y con su edad. Se necesita ser un luchador nato y Villalobos lo es», resalta el prestigioso preparador, el que más le conoce y, por ello, de los pocos que seguían confiando en él. «Yo llevaba un par de meses diciéndole a la gente que ganaría y se reían, pero es que sus problemas le han vuelto más fuerte», añade acerca del más indomable de sus discípulos, «un ejemplo a seguir».

Resuelto su arrebato de dignidad y rearmado anímicamente, el atleta del club Bidezabal, durante un tiempo llevado por los demonios en su fuero interno, ahora refrena el ímpetu. «Lo que venga a partir de ahora, bienvenido será, pero ya he conseguido lo que quería, demostrar que podía volver a saltar y ganarles a todos», se conforma, centrado en su faceta profesional como director de una empresa de mecanizado en Mallabia. Eso sí, ahora le vienen a la mente interrogantes a los que le cuesta dar respuesta. «Mi mejor marca es 2,24 metros y ahora me considero a un 40% de como me encontraba con 24 años, pero aún así me veo capacitado para volver a saltar al menos 2,20. Por eso me pregunto hasta dónde hubiera llegado de no haber tenido tantas lesiones».

 
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