Álex García tardará mucho tiempo en olvidar sus primeros meses en el Athletic. Desde que el pasado verano dejó el Racing de Santander para fichar por el club rojiblanco, la vida de este centrocampista ha estado repleta de acontecimientos. Y no todos agradables. Ayer, después de haber completado más de media temporada con el filial bilbaíno, Mané le llamó para que entrenase con el primer equipo, algo que hará durante toda la semana. Pero, antes de llegar a este punto, el interior zurdo ha atravesado un sinfín de contratiempos que, sin embargo, no le han impedido ser uno de los futbolistas más destacados en el Bilbao Athletic.
Para empezar, Álex García tuvo que superar la profunda decepción que se llevó cuando, después de realizar la pretemporada con el primer equipo, Félix Sarriugarte le comunicó que iba a empezar la Liga con el filial. El varapalo fue tremendo. Y es que el fichaje del centrocampista de Gama estaba, en principio, orientado a fortalecer la debilitada banda izquierda de la primera plantilla. Y, por eso, cuando conoció la noticia, Álex García no dudó en reconocer que aquello no entraba en sus previsiones iniciales. «He estado a la altura del resto. Pero Sarriugarte decide y ha visto que es mejor que vaya al filial para no cortar la progresión», admitió a mediados de agosto.
A pesar de la desilusión inicial, Álex García no tardó en asimilar que su lugar, al menos a corto plazo, estaba en el Bilbao Athletic. Pero entonces, cuando ya se estaba amoldando a sus nuevos compañeros, sufrió un nuevo contratiempo. Aunque éste, en comparación del anterior, resultó más doloroso a nivel físico que sentimental. De hecho, en la segunda jornada de Liga de Segunda B, en el partido que el filial disputaba ante el Sestao en Las Llanas, el rápido futbolista recibió un fuerte codazo en la cabeza, a la altura del oído derecho, que le mandó directamente al hospital. «Me daba miedo moverme. Podía ver, pero no oir», relató poco después de abandonar el centro médico de Cruces.
Un tornillo en un dedo
Aquel espectacular golpe, finalmente, se quedó en uno de los muchos sustos que ha sufrido en esta agitada campaña. Después de recuperarse, Álex García vivió un periodo de relativa tranquilidad. El equipo de Luis de la Fuente no acababa de tomarle el pulso a la competición, pero el centrocampista, muy bien considerado dentro del club por su entrega en los entrenamientos y su capacidad de sacrificio, ya era un elemento fijo en las alineaciones del ex lateral de Haro.
Pero, cuando todo empezaba a marchar con normalidad, Álex García se encontró en enero con un nuevo contratiempo. Esta vez en forma de lesión en un dedo del pie izquierdo. Concretamente, en el mismo en el que tiene instalado una especie de tornillo debido a una rotura que sufrió en febrero de 2006 jugando con el filial del Racing de Santander.
El tornillo de su pie evitó en gran medida que se produjese una nueva fractura. Pero, al mismo tiempo, irritó seriamente la zona afectada y los servicios médicos del club se plantearon la posibilidad de hacerle pasar por el quirófano si persistían las complicaciones.
Al final, la operación no fue necesaria. Pero el interior rojiblanco pasó dos semanas alejado de los terrenos de juego. Sin embargo, el infortunio no terminó ahí. Justo cuando ya había traspasado la última fase de su recuperación, cuando ya estaba disfrutando otra vez de minutos de juego, el vehículo de Álex García fue embestido por detrás a principios de este mes cuando se encontraba en un atasco en el corredor del Txorierri.
Aquel golpe le produjo un esguince cervical, que no tardó en superar, y una fuerte contusión en el quinto metatarsiano del pie derecho, el mismo hueso que se había fracturado un año antes, pero en el pie contrario, que le mantuvo otras dos semanas inactivo. Sin embargo, la suerte ya vuelve a sonreir a Álex García, que ayer se acercó un poco más a su sueño de debutar con el primer equipo. De momento, está a las órdenes de Mané.