La irrupción de la eléctrica italiana Enel en el capital de Endesa pone en jaque el futuro de la OPA de E.on y abre numerosos interrogantes sobre el futuro de la primera eléctrica española.
Sí. Continúa su normal desarrollo. E.on no puede retirarla, salvo que, una vez finalizado el proceso, no alcance los requisitos a los que condicionó la oferta: la consecución de al menos un 50% del capital y el levantamiento de las medidas de 'blindaje' en Endesa. Los estatutos de la eléctrica establecen que ningún accionista, sea cual sea su participación en la empresa, podrá ejercer derechos de voto por encima del 10%. La eliminación de ese artículo requiere un respaldo del 50% del capital.
Dificulta seriamente el cumplimiento de esas condiciones. Acciona, que controla algo más del 21% del capital, ha confirmado que no irá a la OPA. Caja Madrid (10%) todavía no se ha pronunciado, aunque respalda el levantamiento de los 'blindajes'. Con el 10% adquirido por Enel, que podría elevarse hasta el 24,9%, y el 3% en poder del grupo público Sepi, es probable que a E.on no le salgan las cuentas y se vea obligada a plegar velas. El gigante alemán no tiene interés alguno en estar en Endesa con una participación minoritaria, aunque sea del 30% ó 35%, si el grupo italiano y sus eventuales socios españoles asumen la gestión de la compañía.
Su irrupción en el accionariado sólo tiene sentido con un acuerdo de ese tipo. Sin embargo, aun cuando hiciera descarrilar la OPA de E.on, ese movimiento podría generar tensiones con Acciona, que aspira a gestionar la eléctrica. Si Enel llega hasta el 24,9%, un porcentaje al que también aspira la constructora, habrá que ver si son capaces de compartir el poder en Endesa de forma pacífica. Una de las grandes incógnitas es Caja Madrid, con un consejo de administración muy dividido, aunque inclinado hacia el PP. En este partido conviven quienes apuestan por apoyar la OPA de E.on, al considerar que el triunfo de la operación supondría un serio revés para Zapatero; y quienes abogan por una 'salida nacional' para evitar una imagen de apoyo a que la primera eléctrica española quede en manos extranjeras. La proximidad de las elecciones municipales y autonómicas refuerza esta segunda opción.
El Gobierno alentó la fracasada OPA de Gas Natural y puso todo tipo de trabas a la de E.on para abortarla. La Comisión Europea le ha propinado por ello diversos varapalos. José Luis Rodríguez Zapatero y sus ministros nunca han ocultado sus serios recelos a que la primera eléctrica española pase a manos extranjeras y su deseo de crear un 'campeón nacional' de la energía. La entrada de Acciona en Endesa fue interpretada en esa clave. Los intentos por conformar, en torno a la constructora, un bloque nacional que se hiciera con la mayoría de la empresa y cortara el paso a E.on no han dado resultado.
Ante la ausencia de otros socios españoles dispuestos a unirse a ese frente y con músculo financiero suficiente para ello, la irrupción de Enel y su posible alianza con los accionistas nacionales iría en esa dirección. El hecho de que se haya producido apenas unos días después de un encuentro en Ibiza entre el presidente del Gobierno y el primer ministro italiano, Romano Prodi, alimenta las sospechas sobre un acuerdo político. No hay que olvidar que el Estado tiene un 30% de la firma transalpina. Además, la indiscreción del ministro de Industria, Joan Clos, al predecir por sorpresa el éxito de una 'solución nacional' el pasado martes, horas antes de que se conociese la compra del 10% por parte de Enel, abona esa teoría.
No. La normativa vigente en España otorga al Gobierno capacidad para limitar al 3% los derechos de voto de una compañía extranjera con capital público que entre en un sector estratégico. Por esta razón, no tiene lógica empresarial que Enel haya invertido 4.160 millones de euros para adquirir el 10% en Endesa sin un acuerdo previo con el Ejecutivo . Lo que se desconoce es el contenido de ese hipotético pacto. Puede permitirle gestionar la primera eléctrica del país, en compañía de Acciona o, simplemente, compensarle por otras vías. Todo ello, a cambio de hacer descarrilar la OPA de E.on. Se especula con otro tipo de contrapartidas, como el visto bueno de Italia a la fusión de las concesionarias de autopistas Abertis y Autostrade, y a la entrada de Telefónica en Telecom Italia.
E.on ofrece 38,75 euros por acción en su OPA. La irrupción de Enel en Endesa amenaza el éxito de esa oferta, que ha 'calentado' el precio de la acción en los últimos meses. Si el mercado la ve en serio peligro -y lo estará si la compañía italiana eleva su participación hasta el 24,9%% y alcanza un cierto entendimiento con Acciona-, los títulos de la eléctrica caerán previsiblemente con cierta fuerza. En consecuencia, los pequeños accionistas pueden ver frustradas las expectativas de plusvalías que se habían hecho. De momento, Endesa se revalorizó ayer un 0,9% a la espera de futuros movimientos en la batalla energética que se está librando en España.