Sábado, 3 de marzo de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

IOSU ALBERDI, DIRECTOR DE COMUNICACIÓN Y PROTOCOLO DEL AYUNTAMIENTO
«Fui a una fiesta con esmoquin y me confundieron con un camarero»
El experto acaba de ser galardonado con el IX Premio Internacional de Protocolo por ser un «brillante profesional»
«Fui a una fiesta con esmoquin y me confundieron con un camarero»
Iosu Alberdi posa junto a su colección de medallas. / IOSU ONANDIA
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Nació en: Mondragón. Tiene 58 años.

Trayectoria: ha tocado diversos 'palos', desde la hostelería hasta la organización de congresos.

Ayuntamiento: director de Comunicación y Protocolo desde 2000.

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Responde al teléfono con un educado 'buenos días' y, tras consultar su agenda, te cita en su despacho. Te recibe en la puerta y te invita a pasar, no sin antes saludarte como es debido. Te retira la silla y consigue que te sientas «como en casa». Las exquisitas maneras de Iosu Alberdi, director de Comunicación y Protocolo del Ayuntamiento, explican por qué acaba de ser galardonado con el IX Premio Internacional de Protocolo, una disciplina en la que lo fundamental, para él, es «que la gente esté a gusto».

-Permítame que le pregunte cómo debo sentarme.

-Estamos hablando entre amigos, en un ambiente distendido, así que la postura puede y debe ser también distendida.

-¿No le pareceré poco fina por tanto si cruzo las piernas?

-En absoluto. Toda postura a la que uno está habituado cuando está en su casa está permitida. Todo depende del lugar y del momento.

-Comprenda que no se sienta una todos los días frente a todo un premio internacional de Protocolo.

-Hombre, no cabe duda de que es un grato reconocimiento, pero tampoco quiere decir gran cosa. Me lo tomo como una inyección de ánimo para seguir en lo que me gusta.

-El jurado del certamen le ha otorgado la Medalla al Mérito por ser un «brillante profesional». ¿Cuáles son sus méritos?

-Llevo en esto 20 años y mi único mérito es el de trabajar todos los días en algo que me apasiona.

-Pero en algo habrá revolucionado el gabinete del Ayuntamiento.

-En la época de Cuerda, el protocolo estaba en un segundo plano. No se le daba la relevancia que este alcalde creyó conveniente darle y yo he recibido todo el apoyo en este sentido para impulsarlo.

Motivo de conflicto

-En el País Vasco no existe una legislación respecto a protocolo. ¿Cómo se las arregla?

-Hasta ahora se ha venido empleando un Real Decreto, que regula el orden de precedencias en la política, la judicatura o la empresa. Pero lo cierto es que casi todas las comunidades lo adecúan a su manera y esto suele crear conflicto.

-'Duelos de egos'.

-Sí, sí, son muy frecuentes. Pero yo soy de los que opina que lo que debe prevalecer en protocolo es que la gente esté a gusto.

-Rompa el protocolo y confiese. ¿Cuál ha sido su peor metedura de pata?

-El año pasado nos visitó la presidenta de la Corte de La Haya. A su llegada a Ajuria Enea, me preguntó si dejaba su cartera en el autobús o se la llevaba. Como se trataba de un acto oficial, le aconsejé que la dejara, pero cuando salimos, el autobús se había marchado. Y dentro de la cartera estaban el discurso de la presidenta y sus gafas.

-¿Cómo salió del aprieto?

-Decidí hacer la foto de familia antes de los discursos y, entretanto, envié a un colaborador para que localizara la cartera que la presidenta reclamaba sin parar. El alcalde y el lehendakari me ayudaron a distraerla hasta que mi colaborador, al que le debo el acto, llegó sudando con la dichosa cartera.

-De puertas para adentro, ¿qué concejal hace gala de las maneras más exquisitas?

-Belakortu, no. Es una bellísima persona, aunque la antítesis del protocolo.

-No como usted. No puedo evitar preguntarle por la capacidad de su vestidor.

-Es que confesable sólo tengo un vicio y ése es la ropa.

-Sin rodeos, ¿cuántas corbatas componen su colección?

-Tengo muchas, me daría vergüenza decir el número, pero son incontables. Soy incapaz de ver una corbata que me gusta y no comprarla.

-¿Sigue opinando que es imposible que Vitoria sea 'chic'?

-Sí. Le contaré un anécdota. En Vitoria, sólo he conocido una fiesta a la que había que acudir con esmoquin. Fui el único que se lo puso y me pidieron cantidad de copas pensando que era un camarero. Me fui a casa y me cambié.

 
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