Sábado, 3 de marzo de 2007
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CULTURA

CRÍTICA DE CINE
Los amantes del cómic siempre ...
Los amantes del cómic siempre ...
ANIMACIÓN. Pascal Morelli dirige con mediocre resultado.
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Los amantes del cómic siempre se han sentido fascinados con las peripecias de ese marino filósofo que es Corto Maltés, creado en 1967 por el ya desaparecido Hugo Pratt. En esta ocasión, le vemos aventurarse en la inhóspita región rusa de Manchuria, allá por 1919, en una bella y emocionante historia, que, por desgracia, no encuentra su adecuada traslación en imágenes cinematográficas, a pesar del gran cariño, indiscutible respeto y entusiasmo a prueba de bombas puesto en todo momento por su máximo responsable, Pascal Morelli.

Un universo frío y desolado -a veces demasiado estático-, inmensos mantos de nieve, pasiones corrompidas, seres maléficos, sociedades secretas aparentemente indestructibles -las Linternas Rojas-, hermosas aristócratas, exóticas sacerdotisas, intrépidas revolucionarias y hasta el mismísimo Rasputín -el siniestro monje siberiano, favorito y valido en la corte de los zares- se dan cita aquí, con resultados que no sobrepasan la mera discreción.

Porque se echa en falta la melancolía propia de semejante personaje, el misterio indescifrable de sus vivencias más íntimas y secretas, la misma dimensión onírica, indispensable si se desea conservar la ética y la estética propias del original.

Nada de todo ello se da en esta aplicada recreación de un personaje hipnótico, dirigiéndose siempre hacia una luz, como un amanecer, que es también el futuro que siempre estuvo ahí, como el pasado, como toda la vida que le fue arrancada de cuajo a Corto Maltés durante su niñez.

 
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