Sábado, 3 de marzo de 2007
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El paraíso de la nicotina
El Gobierno alemán prohíbe el tabaco en todos los edificios oficiales excepto en la sede del Parlamento federal
El paraíso de la nicotina
UNA BURBUJA DE HUMO. Funcionarios y visitantes, en el atrio del Reichstag de Berlín. / REUTERS
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El Gobierno alemán dio el miércoles pasado luz verde a una ley histórica con la que el país podrá sumarse a la avasalladora guerra que impera en Europa contra el tabaco. Después de años de dudas, debates y presiones, el Ejecutivo de Angela Merkel decidió poner en marcha la iniciativa legal que prohíbirá el tabaco en los transportes públicos y en todos los edificios federales.

«Creo que mucha gente podrá ahora, en el verdadero sentido de la palabra, respirar profundamente», señaló la ministra de Sanidad, Ulla Schmidt, feliz de su histórico triunfo. Pero su alegría duró pocos minutos y se puede convertir en amargura cuando el proyecto de ley llegue al Reichstag, el centenario edificio que alberga al Parlamento Federal o Bundestag.

Aunque todavía no hay fecha para su aprobación, la sesión que aprobará la ley será doblemente histórica y estará marcada por una inédita paradoja. La prohibición para fumar en los edificios federales será bendecido en el único recinto público donde los diputados pueden fumar a destajo.

A causa de la división de poderes que existe en el país, la ley no puede ser aplicada en los pasillos del Reichstag ni en los despachos de los diputados, porque violaría el derecho soberano del Bundestag. «La prohibición de fumar en el Reichstag sólo puede ser aprobada por el propio Parlamento», recordó el portavoz del Gobierno, Thomas Steg.

Así de fácil. Si los propios diputados no deciden dar el ejemplo y prohíben el tabaco en el templo de la democracia alemana, el histórico Reichstag de Berlín tendrá el incierto honor de convertirse en un paraíso de la nicotina y en una vitrina pública de cinismo político.

Mal ejemplo

«No puede ser posible que la ley prohíba fumar en las escuelas, pero al mismo tiempo, los alumnos encuentren ceniceros por todas partes cuando visiten el Reichstag», se escandalizaba la vicepresidenta del Bundestag, Susanne Kastner, ante el mal ejemplo que darán los legisladores alemanes a sus compatriotas.

«Es indigno que los políticos obliguen a terceras personas a no fumar en lugares públicos mientras ellos siguen fumando en sus puestos de trabajo», terciaba la diputada de los Verdes Birgit Bender, que lucha con poco éxito para imponer el veto al tabaco en las oficinas del Bundestag.

La parlamentaria tiene un enemigo formidable: Peter Struck, el más famoso fumador de pipa del Parlamento y jefe del poderoso SPD. El diputado ya ha dejado saber que nada ni nadie le impedirá seguir lanzando volutas en el despacho.

 
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