Vitoria anda revuelta con la anunciada visita de Elton John; personalmente he optado por una discreta postura en el debate sobre sus honorarios mientras dure mi proceso de cálculo en pesetas de la cifra en cuestión; aunque puestos a convertir, quizá deba sumarme a los expertos que, me cuentan, ya han acuñado el 'elton' como divisa; y así sabemos, por ejemplo, que un concierto de Iggy Pop viene a costar un tercio de 'elton'.
Preocupa también que el objetivo de recuperar la inversión mediante la venta de entradas convierta estas en un capricho tan lujoso que empuje a algún fan a adoptar decisiones tan desesperadas como la del estadounidense detenido por tratar de colar un cheque firmado por Dios.
Tan necesitados andamos de ayuda divina que La Llamada nos llega hasta del interior de un horno, y seguimos en EEUU, donde un grupo de iluminados venera una bandeja para pizzas en la que dicen ver la imagen de la Virgen.
Como cuento me atrae más el del ex ministro de defensa canadiense, que ha enriquecido el debate sobre el cambio climático sugiriendo que se utilicen combustibles alienígenas secretos recogidos en los diversos accidentes de ovni; mañana sin falta llamo a la DGT y me entero; de eso, y de la posibilidad de que Álava se sume al último grito en seguridad vial: los váteres parlantes que, en algunos bares de México, advierten a los hombres del peligro de sentarse al volante; inmejorable momento y lugar, ya que nunca su futuro va a estar tan literalmente en sus manos.
Y es que hay cosas que no tienen precio; como la vida, o contratar a Elton John.