Esther Santiago es una de las letradas adscritas al turno específico de violencia de género del Colegio de Abogados. Una especialidad que le permite impartir cursos a otros colegas sobre la relación con la víctima y hablar con autoridad sobre la materia.
Para esta abogada vitoriana, el balance judicial de 2006, pese a lo abultado de los números, no refleja la situación real. «Lo que llega al juzgado es sólo la punta del iceberg. Hay mucha violencia doméstica oculta y la sufren, sobre todo, mujeres con hijos y sin independencia económica. Por eso -subraya-, es tan importante el respaldo de las instituciones. Sólo si la mujer se ve apoyada, es capaz de dar el paso de denunciar».
Su experiencia profesional le lleva a decir que las víctimas no tienen un común denominador. Los agresores, sí. «Son hombres que no asumen que sus parejas les dejen, que puedan llevar una vida al margen de ellos». Asimismo, opina que el juzgado de la violencia contra la mujer de Vitoria «trabaja muy bien. El juez es una persona muy cercana, que facilita el trabajo, como el resto de funcionarios, pero están saturados».
Al igual que otros colegas de profesión, cree que se debe «dotar de más medios» al juzgado o, de lo contrario, crear el segundo. Creo que se necesita».