Domingo, 4 de marzo de 2007
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ÁLAVA
La nueva vida del río Errekaleor
Una de las zonas más degradadas y marginales de Vitoria va a formar parte del anillo verde como corredor ecológico. La transformación acaba de empezar
La nueva vida del río Errekaleor
RIEGO. Tomás Etxenausia extrae agua del Errekaleor para su pequeña huerta, una de tantas que ha modificado el paisaje fluvial. / B. CASTILLO
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UN PARQUE FLUVIAL
Actuación: 2,7 kilómetros de río entre Elorriaga y Puente Alto. 13 hectáreas.

Objetivos: evitar desbordamientos, recuperar el ecosistema fluvial, crear una conexión de uso público entre Olárizu y Salburua dentro del anillo verde e integrar un ecosistema natural en la futura expansión de la ciudad.

Fauna protegida: el río como conector ecológico entre Salburua y los Montes de Vitoria permitirá que fauna amenazada como el visón europeo y el avión zapador encuentren un hábitat adecuado.

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No hay vuelta atrás. Las excavadoras acaban en segundos con las viejas chabolas y los cierres de las huertas que tanto tiempo les ha costado fabricar al largo centenar de hortelanos espontáneos de las orillas del Errekaleor. Toneladas de escombros son retirados cada día. Algunas de las casetas habitadas por gitanos durante muchos años como la de Aquilino Jiménez han pasado al recuerdo. Aún son visibles las numerosas botellas de butano acumuladas. Tendrá que buscarse otro sitio para seguir viviendo bajo las estrellas.

La estampa estos días es de mudanza, con casetas despanzurradas que apenas se mantienen en pie en equilibrios sorprendetes. En pocos años, el gran proyecto de restauración puesto en marcha lo convertirá en uno de los paseos peatonales y de bicis más formidables que pueden soñar los vitorianos. Un río salvaje con vegetación propia en medio de un polígono residencial que se podrá recorrer a pie o en bicicleta dentro del anillo verde. Pero esto arranca con una historia vieja.

«Me he bañado en este río hasta el día en el que se ahogó un niño. Yo tenía 10 años», cuenta Albino Joaquín, vecino y presidente de la asociación de vecinos de Errekaleor. La memoria vital del barrio, la triste y la alegre, está unida sentimentalmente a la corriente de este arroyo, que cedió su nombre al conjunto residencial al que también le pusieron el apelativo de 'Un mundo mejor'. Aunque ahora parezca un sarcasmo en los años sesenta fue una realidad para muchos inmigrantes.

Albino recuerda sus baños en la presa y la pesca de loinas, ranas y cangrejos. «Vivimos muchas aventuras junto a esas orillas y también en la zona de las graveras, situadas junto a la vía del tren. Había dos lagunas», cuenta.

Hay todavía mucho de salvaje en el cauce de este arroyo que nace en los Montes de Vitoria, bajo el Palogán, pasa cerca de Monasterioguren y Mendiola, y se mete por Puente Alto hacia Errekaleor y Elorriaga. Son unos 15 kilómetros antes de unirse al Santo Tomás y perderse en los humedales de Salburua a los que aporta su irregular caudal. Su trazado es sinuoso y excavado sobre depósitos de gravas, con una profundidad de más de 4 metros en algunos puntos, que lo hace sumamente peligroso.

Un conector ecológico

Precisamente, ir encajonado y su estratégica situación al este de Vitoria lo han convertido en candidato como corredor ecológico. Unirá dos puntos fundamentales de la biodiversidad vitoriana y, por lo tanto, del envidiado anillo verde: los Montes de Vitoria y el humedal de Salburua. «Para nosotros es muy importante que este río sirva para que un visón europeo, el segundo mamífero más amenazado de Europa, pueda ir libremente sin obstáculos ni presiones humanas de un lado a otro», detalla Fernando de Juana, ingeniero jefe de proyectos del Centro de Estudios Ambientales, el muñidor de esta transformación.

Antonio Pizarroso, trabajador de Michelin jubilado prematuramente por una incapacidad, mata el tiempo en una huerta «heredada» que su padre Florencio comenzó a cultivar hace 25 años a orillas del río, junto a Puente Alto. Asume «resignado, pero con pena», que sus horas de cultivador de hortalizas están contadas. Para hacer compatible su dolencia con el laboreo de la tierra se ha hecho con un rastrillo de mango largo.

Lo que no tiene claro es que no haga un bien al río. «Nosotros lo limpiamos de maleza», asegura convencido este vecino de San Cristóbal de origen extremeño, pero afincado en Vitoria desde los 16 años que ha ligado gran parte de su vida a sacarle achicoria, cebollas, tomates, puerros, pimientos o alubias, todo de primera calidad, a esta tierra dispuesta en pequeñas terrazas para superar los desniveles. «Aquí hemos hecho buenas chuflas», añade.

Ingenio fluvial

Los ríos son bienes públicos. Pero las orillas del Errekaleor se las han repartido unos cuantos sin documentos de propiedad. Con chapas, bidones, palés, maderos y todo tipo de desecho fácil de transportar se han fabricado verdaderos ingenios fluviales. Y terrazas inverosímiles donde poner una huerta,mediante muros de hormigón, ladrillos, paredes de baldosas. Un elogio al reciclaje de los desechos. «Nada más inaugurarse el barrio, había gente buscando un terreno», cuenta Albino Joaquín. «Pero la culpa es de quien lo ha consentido, o sea el Ayuntamiento. A mí no me molestan», afirma el vecino.

El problema de tanto reciclaje es, además, de la estética chabolista, «que cuando el río crece se lleva todo por delante. En Salburúa han aparecido sofás y jaulas con los perros dentro», asegura Fernando de Juana. «Cualquier intervención en el cauce del río o en sus orillas, cualquier corte en la vegetación produce alteraciones del ecosistema del río y estas aguas van a Salburua», recalca el ingeniero Juan Vilela, autor del proyecto de acondicionamiento hidráulico y restauración ambiental del río Errekaleor y cerro de las Neveras, todavía en elaboración.

Traspasos con dinero

Estas huertas han tenido mucho éxito. A menudo, se ha pagado dinero para traspasarlas, sin más garantía que la palabra dada. El vizcaíno respira profundamente para tomar agua del río con una curiosa palanca y un cubo, un sistema tradicional de madera que aquí se han copiado unos a otros con nuevos materiales. El talud de la orilla es a menudo tan alto que no llega a verse ni el agua. Y hay que tener cuidado para no caerse. Tomás se pasa la mañana y está a gusto. Le acompañan sus dos perros de caza. Se ha resignado ante las noticias nuevas y el movimiento de máquinas que se oye más allá de Errekaleor. «Cuando me lo quiten, me iré tranquilamente», dice.

El proyecto de acondicionamiento y restauración está dividido en los cuatro sectores del gran polígono de Salburua atravesados por el río, pero será único en su diseño. Los 3 kilómetros de río tendrán un tratamiento común. En algunos puntos, como en una rotonda entre las vías del ferrocarril y Elorriaga, las obras de encauzamiento ya son visibles. Falta aún el tratamiento vegetal y los paseos, pero el río ha recuperado espacio.

«El reto no es fácil», asegura Vilela. Experiencias como la del río Ali en Zabalgana no han salido tan naturales. Habrá una franja muy protegida y áreas de ocio. Es la nueva vida del Errekaleor.

 
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