-¿Cómo ha encontrado Vitoria en los escasos meses que lleva en la ciudad?
-Me parece una ciudad muy acogedora y con un tamaño muy humano. Me agrada muchísimo para vivir.
-¿Su familia está encontrando dificultades para adaptarse?
-No, en absoluto. Nos estamos adaptando sin mayores problemas.
-¿Qué diferencias nota entre Vitoria y San Sebastian, su ciudad natal?
-Son ciudades muy parecidas aunque cada una con su propia idiosincrasia. La única diferencia notable que veo, en favor de San Sebastián, es que tiene mar. Considero que ese es un cambio importante y que no tiene solución a corto plazo.
-Los alaveses tenemos fama de cerrados. ¿Tiene usted esa misma percepción?
-Los vascos en general tenemos esa fama. Creo que son tópicos y que no hay que darles importancia. Aquí, en Álava, habrá gente de todo tipo, unos más cerrados que otros, unos más simpáticos que otros, como en cualquier sitio.
-¿Ha tenido ya oportunidad de conocer a los políticos y hombres fuertes de la sociedad alavesa?
-No, no he tenido mucho contacto con ellos. Tan sólo he coincidido en alguna ocasión en actos públicos y siempre por motivos profesionales.
-¿Qué le parece la polémica reforma de la plaza de la Virgen Blanca?. ¿Eliminaría, como plantea el equipo de gobierno municipal, el monumento a la Independencia y los jardines, o la dejaría como está?
-Me parece una osadía llevar dos meses viviendo en esta ciudad y pronunciarme sobre la cuestión. En ese punto soy poco osado.
-¿Tomará el tranvía cuando se ponga en marcha?
-Sí, sin ninguna duda. Todo lo que suponga mejorar el transporte público merece ser acogido con beneplácito. Hoy día, la tendencia dominante es lograr que en las ciudades haya menos coches y podamos caminar más por ellas. Y todo lo que vaya en ese sentido, en Vitoria o en otra ciudad, me parece excelente.