Domingo, 4 de marzo de 2007
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ECONOMÍA

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Y ahora, ¿qué?
La alianza entre Enel y Acciona, la tercera intentona para controlar la mayor eléctrica española, parece la solución definitiva, aunque el proceso sigue abierto a eventuales sorpresas
Y ahora, ¿qué?
UNA SALIDA. Tres ejecutivos pasean ante la sede central de Endesa en Madrid. / AP
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La atribulada historia de las OPAs sobre Endesa ha tenido, hasta ahora, tres soluciones diferentes. La primera apuntaba a Gas Natural, que lanzó su oferta tras concitar el entusiasta apoyo del Gobierno, encantado de satisfacer al tándem Maragall-Montilla que por aquel entonces todavía rodaba sin estridencias. El precio ofertado suena hoy ridículo, aunque en aquel entonces superaba la cotización de Endesa en Bolsa y se hubiera llevado la empresa de no mediar nadie más en la puja. Pero su baja cuantía atrajo la atención europea y provocó la contraoferta de E.on, la aparición en escena de Acciona y la mejora de la propuesta del gigante alemán, que se fue hasta los 38,75 euros, casi el doble de la inicial de Gas Natural.

Luego se fueron sucediendo todos los trámites administrativos anexos a una operación de este tipo, que pasaron con mucha más pena que gloria entre los organismos reguladores de los diferentes ámbitos geográficos. A las autoridades de Bruselas no les gustaron nada las andanzas del Gobierno y lo manifestaron con rotundidad, pero el aparente feliz desarrollo de los acontecimientos redujo sustancialmente el volumen de la queja. Sin embargo, cuando todo parecía decidido, la súbita irrupción de Enel ha trastocado todas las previsiones hasta el punto de que ya nadie considera viable la oferta alemana. El porcentaje de capital acumulado entre Enel y Acciona, se sume a él o no la participación del grupo público Sepi y/o la de Caja Madrid, hace inviable en la práctica que E.on pueda alcanzar en la junta general el 50% que pretende.

La situación se mueve ahora entre dos escenarios. En uno de ellos, E.on se retira y la empresa se la reparten entre Acciona y Enel. En el otro, E.on se queda dentro con una participación, que podría ser incluso mayor que la de sus dos oponentes por separado, y se monta un consejo en el que Güelfos y Gibelinos deberían compartir mesa y mantel, decisiones e inversiones. Un escenario que no cuenta para nadie, pero que no deberíamos descartar por completo.

La primera opción es mala para los accionistas individuales, ya que no podrían vender sus títulos a E.on y es probable que, agotado el combustible de la bronca, la acción recupere la sensatez y se acerque a su valor real, varios euros por debajo del actual. La segunda es aún peor, pues nos pone frente a una empresa a cuyos consejos deberían asistir las fuerzas de intervención de la ONU para garantizar la calma y evitar los enfrentamientos.

Troceo de la empresa

Este último escenario nos lleva directamente al troceo final de Endesa, una opción nefasta para el sistema -desaparecería la primera empresa energética del país-, pero quizás no tan mala para E.on. Pongamos que consigue en la OPA el 30% del capital -el que no haya vendido a Enel, ¿a quién va a vender mejor que a E.on?- y que la paz social exige el reparto de los activos en función de su participación societaria. Pues se convertiría en el segundo operador español, por encima de Unión Fenosa; una eventualidad muy buena para los alemanes, que hoy no tienen nada.

Volvamos a la primera opción. Sin duda es hoy la más probable, pero tienen que ocurrir varias e importantes cosas antes de que Enel pueda satisfacer sus instintos. La Comisión Nacional de la Energía (CNE) tiene que elaborar dos informes. Uno, vinculante, para autorizar o no al grupo italiano a superar el 10% de una empresa regulada, como es Endesa. Y otro que sirva al Gobierno de base para dictaminar si le permite o no ejercer sus derechos de voto por encima del 3%, al tratarse de una empresa con capital público extranjero, en base a lo que se conoce como la 'Ley Rato' adoptada en su día para evitar la entrada de EDF en Hidrocantábrico. Y habrá un tercer informe, también vinculante, para decidir si se autoriza a Enel el ejercicio de sus derechos en Endesa, a pesar de controlar a su competidora Viesgo; algo que hasta ahora no se permitía, pero que ha cambiado con la llegada de ACS a Iberdrola.

Si todas las decisiones favorecen a Enel se consolidaría la primera opción, pero se derrumbaría la tesis de que el Gobierno no ha tenido nada que ver en la historia. Nadie se lo cree, pero eso demostraría que no es verdad. Y, entonces, ¿qué queda de la solución feliz brindada por José Luis Rodríguez Zapatero con la canciller Angela Merkel? ¿Cuál será la reacción de los alemanes, tan flagrantemente vejados y engañados? ¿Qué repercusiones tendrá en otros campos, como Seat por ejemplo? Alguien debería explicar por qué es mejor la opción italiana que la alemana, cuando los primeros han hecho todo lo posible por perjudicarnos. Que se lo pregunten al BBVA

Sería un final curioso. Desde un principio, todas las actuaciones efectuadas -desde el impulso a Gas Natural hasta las dificultadas impuestas a E.on- han ido dirigidas a evitar la toma de control de Endesa por parte de una empresa extranjera. Pues ahora habríamos evitado el control de una compañía privada extranjera que ofrece comprar el 100% del capital para dárselo a otra que sólo arriesga el 25% y que, para más Inri, es pública.

Total, demasiadas preguntas, demasiado lío. Demasiadas torpezas, demasiadas intrigas. Demasiadas contradicciones, demasiada ineptitud. El 'caso Endesa' se estudiará en las clases de Derecho Mercantil, pero no se explicará como un modelo a seguir.

 
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