El sistema educativo vasco se enfrenta a la reforma más importante de las últimas décadas: la puesta en marcha de un nuevo modelo lingüístico que sustituya a los actuales que funcionan desde 1982. Las líneas A, íntegra en castellano; B, bilingüe, y D, en euskera, darán paso a un sistema único que los técnicos del Departamento de Educación preparan desde hace meses. El consejero comparecerá ante el Parlamento el próximo jueves para presentar la opción elegida de entre las cuatro que barajan: trilingüe -en euskera, castellano e inglés-; dar autonomía a los centros para diseñar su proyecto lingüístico con unos mínimos comunes; extender la enseñanza íntegra en lengua vasca; o mantener los actuales, pero reforzando el euskera en el modelo A.
Desde que accedió a su cargo, Tontxu Campos marcó como uno de los objetivos prioritarios de su departamento la reforma de los modelos. El consejero argumenta que el sistema actual «no logra alcanzar» la meta marcada por la ley: que todos los alumnos vascos acaben la enseñanza obligatoria dominando el euskera. Se apoyaba en las evaluaciones que ha efectuado su departamento al sistema educativo vasco. La última prueba realizada en la primavera de 2005 por el Instituto Vasco de Evaluación e Investigación a estudiantes de 16 años demostró que sólo un tercio de los alumnos del modelo B y un 66% de los del D eran capaces de comunicarse con corrección y fluidez en euskera. Los estudiantes del A no alcanzaron los conocimientos mínimos.
En tres idiomas
El avance de las líneas euskaldunes ha sido imparable en los 25 años de los tres modelos. En la actualidad, de los 336.000 alumnos vascos de la enseñanza obligatoria -hasta 16 años-, 170.529 estudian en D, 91.856 en A y 72.567, en B. En la etapa de Infantil sólo 5.000 de los 84.000 niños de hasta 6 años están matriculados en A; aunque a medida que avanzan los cursos el modelo en castellano crece en número de estudiantes, y en Bachillerato están prácticamente al 50%.
Los miembros de la comunidad educativa censuran que la oferta de tres líneas diferentes había provocado un efecto «segregador» entre el alumnado. «Un sistema basado en la elección de las familias tiende a agrupar a los niños en función de factores identitarios o ideológicos», denunciaron recientemente desde el Consejo Escolar de Euskadi, organismo consultivo en el que están representados padres, alumnos, sindicatos, partidos y patronal de la enseñanza. Sus portavoces advirtieron de que las escuelas públicas de modelo A concentran a inmigrantes y menores con necesidades especiales, mientras en la red concertada esta línea «acoge a estudiantes de estratos sociales superiores».
Educación ha trabajado durante meses en su proyecto lingüístico, que definirá la escuela del futuro en Euskadi. Cuatro comisiones integradas por cuarenta expertos valoraron las opciones diseñadas por el equipo de Tontxu Campos. En los grupos de trabajo participaron asociaciones de padres, directores de centros, representantes de la red de ikastolas y de colegios concertados, juristas -que analizaron si sería necesario cambiar el marco legal-, lingüistas y especialistas extranjeros.
Desde entonces la comunidad educativa, partidos políticos y sindicatos han hecho públicas sus apuestas para esta reforma. La mayoría coincide en que la escuela del futuro deberá impartir materias en los dos idiomas oficiales, euskera y castellano, y en inglés, con lo que desaparecería el actual modelo A. Campos desvelará el próximo jueves en el Parlamento la clave del cambio: La proporción del horario escolar que se deberá dedicar a cada una de las tres lenguas.