Stella es rumana y se relaciona en castellano sin dificultad con sus compañeros argelinos, marroquíes, colombianos, chinos, ecuatorianos o bolivianos en el patio de la escuela Santa María de Vitoria, uno de los pocos centros de la comunidad que ofrece un único modelo A. Tiene 12 años y el próximo curso irá al instituto. «Voy a ser periodista», dice confiada, aunque aún le quede una gran tarea por delante para escribir en castellano o comprender los contenidos de muchas materias. «Dicen que el modelo A de la red pública ha fracasado y nos duele. Nos dejamos la piel con estos chicos que llegan sin conocer el idioma o que aunque hablen nuestra lengua tienen un nivel académico bajo, para sacarlos adelante, integrarles y darles unas habilidades y destrezas básicas que les permitan seguir sus estudios. Cuando vemos que han encontrado su sitio y logran un trabajo, lo sentimos como un éxito», explica Germán Barrios, director de Santa María, un centro que acoge a un 90% de inmigrantes en sus aulas.
El éxito que logre la escuela Santa María es difícil de medir en los informes Pisa, en los que se pone nota a los conocimientos en Matemáticas o Ciencias de los alumnos españoles, o en los exámenes que hacen los técnicos del Instituto de Evaluación del Gobierno vasco. «Es injusto que se compare a todos los centros como si disfrutasen de las mismas oportunidades, que se les examine y se hagan públicos los resultados para demostrar lo 'mal' que va el modelo A en las escuelas. A nosotros nos llegan los chicos en cuarto o quinto de Primaria, muchas veces a mitad de curso, con una formación escasa. Nuestros alumnos no tienen ayuda en casa y viven situaciones familiares complicadas...», argumenta Barrios.
«Existe una necesidad»
El director de este centro con 20 profesores y 140 alumnos defiende la enseñanza en castellano, aunque con timidez, como si no estuviese obrando correctamente. «Nosotros cumplimos una labor, respondemos a una necesidad. Bastante tiene un niño de 9, 10, 11 años que viene de un país extranjero con integrarse, como para que le pongas un obstáculo más con el idioma. Además, son las propias familias las que nos reclaman este modelo. Los árabes quieren que sus hijos aprendan castellano porque ellos, en sus trabajos, lo utilizan, lo necesitan. Los latinoamericanos también prefieren la enseñanza en su lengua. Los chicos se sienten más seguros, más capaces, estudiando en su idioma materno, y cuentan con más posibilidades de seguir sus estudios».
Si en la red pública el modelo A se relaciona con inmigración y necesidades especiales, muchos centros privados que imparten enseñanza en castellano aglutinan a alumnos de familias con recursos económicos y nivel sociocultural altos. Gonzalo es uno de ellos. Tiene 16 años y saca unas calificaciones excelentes. Es asiduo a las Olimpiadas de Matemáticas que organizan diferentes instituciones y ya tiene decidido que va a ser ingeniero. Su colegio logra un 100% de aprobados en selectividad y ha colocado muy alto el listón de exigencia en las asignaturas. Las notas del centro en los informes Pisa son altas y en las pruebas del Gobierno vasco sus alumnos sólo flaquean con el euskera. Al contrario que Stella, Gonzalo juega en terreno propio y con ventaja. Estudia en su lengua materna y le ayudan sus padres, los dos licenciados en carreras técnicas.
Ni la identidad completa de este muchacho ni el nombre de su colegio pueden aparecer. Los responsables de los centros privados concertados no se atreven a defender en público la enseñanza en castellano para no molestar al Departamento de Educación.Viven de las subvenciones del Gobierno vasco y no pueden arriesgarse a perderlas. Aunque, de forma anónima, sí se confiesan. «La presión de las instituciones, por diferentes medios, ha sido brutal para eliminar el modelo A. Desde las campañas de los ayuntamientos y del Gobierno vasco con los padres hasta la negativa de conceder subvenciones para abrir o mantener las aulas de castellano. El euskera es el gran objetivo del departamento, al que no hay más remedio que plegarse», explica el director de un colegio vizcaíno que pide ocultar su identidad.
Un buen número de centros concertados de la comunidad han visto las orejas al lobo y han transformado sus planes de estudio para ofertar una enseñanza trilingüe, en la que imparten asignaturas en los tres idiomas. Otros mantienen, con mucho esfuerzo y sin el aplauso de Educación, aulas de modelo A en todas las etapas.
Pero en la mayoría de los privados concertados la línea en castellano se extingue y da paso al modelo bilingüe. Es el caso del colegio Trueba, en Bilbao, que oferta la línea B en todo Infantil y Primaria, y sólo en los últimos cursos de ESO mantiene aulas en castellano -además del Bachillerato-. «Los alumnos necesitan dominar una lengua para asimilar bien las materias, y es difícil cuando en su casa y fuera del recinto escolar no la utilizan», reflexiona su director, Fidel Getino. Este centro solicitó a la Delegación de Educación el pasado curso que permitiera transformar un aula de sexto de Primaria de modelo B en A para evitar el fracaso escolar que afectaba al grupo. Ante las dificultades con las que se encontró para lograr el cambio, el colegio optó por enviar los exámenes de los chavales a Educación para que los técnicos valoraran la situación. Les concedieron el cambio.
«No somos guetos»
Por esos caprichos del destino, el colegio Santa María comparte el mismo edificio con una ikastola. Mitad y mitad. Utilizan gimnasio, patio y comedor por turnos. Los alumnos de la escuela tienen recreo de 10.30 a 11, y los de la ikastola de 11 a 11.30. También hay horarios para el comedor y el gimnasio. Aunque conviven sin problemas, este complejo educativo pone imagen a la segregación que ha generado el sistema de modelos en el País Vasco y que ha denunciado el Consejo Escolar de Euskadi, sindicatos y asociaciones de padres. «Se están creando guetos», alertaban.
A Yakuba, Mohamed, Mustafa, Alexia, Dani, Janfran, Mapi y Laura, el aula de 3 años del colegio público Santa María de Vitoria, les afectará de pleno la implantación del nuevo modelo lingüístico con el que se quiere combatir esa segregación. Todos estos pequeños son extranjeros, de Marruecos, Argelia, Mali, Portugal, Croacia o Colombia. El martes pasado disfrutaban de lo lindo en clase de música, bailando, recorriendo a pasitos un pentagrama dibujado en el suelo e imitando instrumentos con una pala de plástico. «Los centros de modelo A no somos guetos», se queja el director de Santa María. «Somos escuelas a las que los niños vienen contentos, aprenden, juegan, y lo pasan bien», concluye.