Domingo, 4 de marzo de 2007
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POLÍTICA

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La voz más dura
Juan Mari Olano se ha encargado en los últimos años de lanzar el mensaje más inmovilista de la izquierda abertzale
La voz más dura
Juan Mari Olano, puño en alto ayer en Pamplona. / F. G.
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En noviembre de 1996, ETA y KAS estaban dando los primeros pasos en el giro que dos años más tarde les llevaría al acuerdo con los partidos nacionalistas y al Pacto de Lizarra. La banda apostaba por una estrategia sustentada en la «cintura política», lo que implicaba buscar una distensión con el PNV y recuperar el trabajo institucional. En ese contexto, la izquierda abertzale impartió una serie de directrices internas entre las que se incluía «renovar las Gestoras», incluido su máximo responsable, Juan Mari Olano. «Olano -escribían los ideólogos de ETA-KAS- es un monstruo con mucho peso político, pero hay que decirle que en la nueva gestora no tiene cabida».

Juan Mari Olano era y sigue siendo representante de los sectores más inmovilistas de la izquierda abertzale. Tanto antes como ahora se ha caracterizado por enviar los mensajes más amenazantes, broncos y desafiantes de Batasuna. Y siempre desde la defensa de los presos de la banda, trabajando desde la cripta de las esencias de los miembros de ETA encarcelados: las Gestoras pro Amnistía (Askatasuna, tras la ilegalización de 2002). La propia ETA sabía que, si quería buscar un acercamiento a los jeltzales, Olano no era el más apropiado para esa tarea. Por razones que nunca se han explicado, pese a las recomendaciones de KAS, el portavoz de Gestoras pasó durante un tiempo a un segundo plano pero sin llegar a perder su liderazgo en el colectivo.

Es una paradoja que, a la hora de aplicar la «cintura política», el elegido por la izquierda abertzale fuera Arnaldo Otegi, el mismo dirigente al que ahora los nacionalistas consideran el cargo más posibilista frente a la «izquierda abertzale de Olano». Y es que Olano y Otegi tienen una vida paralela que, precisamente, se bifurca al llegar la «cintura política».

Arnaldo Otegi fue miembro de los polimilis, se incorporó luego a ETA militar y, tras un paso por la cárcel, a comienzos de los años 90 pasó a formar parte de las Gestoras como ex preso. Olano, nacido hace 52 años en la localidad guipuzcoana de Zaldibia, tiene una trayectoria similar. En 1975 también formaba parte de ETA (pm). Pasó diez meses en prisión por robar una multicopista y se vio beneficiado por la amnistía de 1976. Dos años más tarde fue detenido por organizar un atentado en Navarra, delito por el que cumplió cinco años de prisión. En los años 80 comenzó a trabajar en el entramado de la izquierda abertzale y en 1990 ya era portavoz de las Gestoras pro Amnistía.

En diciembre de ese mismo año, Otegi y Olano ofrecieron una rueda de prensa conjunta para denunciar los intentos de «dividir al colectivo de presos de ETA» mediante las medidas de reinserción que entonces defendía el Gobierno de Felipe González. Ya en aquellos años, el mensaje de Olano era uno de los más duros dentro de la izquierda abertzale. En 1992 dijo del entonces consejero de Interior, Juan María Atutxa, que era un «matón ascendido a superpolicía y fascista» con actitudes de «bocazas». Estas palabras eran la respuesta al consejero por afirmar que algunas familias llevaban a sus hijas de 17 años a las cárceles para que mantuvieran 'vis a vis' con los reclusos de ETA. Olano fue acusado de desacato y, posteriormente, absuelto por un tribunal de San Sebastián.

Huida a Francia

Con él al frente, las Gestoras realizaron algunos de sus gestos más provocadores. En 1995, mientras el industrial guipuzcoano José María Aldaia estaba secuestrado, miembros del colectivo se presentaron en su empresa para entregar una carta a los hijos del industrial y reclamarles dinero para los presos.

En esos años, Olano era uno de los dirigentes que mantenía engrasada la maquinaria de Gestoras, la columna vertebral de los presos de ETA. Desde ese colectivo habían conseguido llevar al fracaso la estrategia de reinserción propuesta por el Ejecutivo socialista. Según datos que se hicieron públicos cuando Gestoras fue ilegalizada por el juez Baltasar Garzón, el colectivo gastaba alrededor de 200 millones de pesetas en ayudas a los internos, además de otros 60 millones en pagos a los abogados.

Tras el final de la tregua de 1998 -en la que Otegi reconoció que HB debía recobrar su autonomía respecto a ETA-, Olano volvió a recuperar su perfil más agresivo. En junio de 2000, después de que ETA asesinara en Durango al concejal del PP Jesús María Pedrosa, el entonces portavoz de Gestoras aseguró: «Seguiremos señalando con el dedo al PP y al PSOE como responsables políticos del sufrimiento de los presos».

Pero la imagen de Olano ya estaba a punto de eclipsarse. En diciembre de 2001, Garzón inició una operación contra las Gestoras pro Amnistía que culminó con su ilegalización. Olano huyó a Francia, donde, tras diversas apariciones públicas, sería finalmente detenido. No se le extraditó a España hasta 2005. En total, pasó cuatro años en prisión. En estos momentos se encuentra a la espera de que la Audiencia Nacional comience el juicio contra él y otros 27 procesados. El fiscal le pide diez años de cárcel. Al igual que Otegi, que también tiene juicios pendientes, su futuro depende ahora de los jueces.

 
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