Domingo, 4 de marzo de 2007
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POLÍTICA

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La 'guerra de las bombas'
El análisis de los explosivos de la matanza de Madrid y del atentado de Barajas agudiza el enfrentamiento entre los agentes del Tedax y de la Policía Científica
La 'guerra de las bombas'
LEGANÉS. Policías recogen restos tras la explosión. / EL CORREO
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Es un tema tabú entre los agentes, pero también es un secreto a voces en una plantilla de más de 50.000 personas: las dos unidades de elite del cuerpo, los Tedax y la Policía Científica, mantienen desde hace meses una sorda lucha por el poder. El motivo de disputa no es otro que el control del análisis de los explosivos recuperados en los atentados, tener el acceso exclusivo a los datos que pueden ser claves para completar una investigación antiterrorista, llegar hasta los responsables y resolver el caso.

La que ya se conoce como la 'guerra de las bombas' se ha visto avivada por la falta de un protocolo que regule quién debe encargarse de los restos de los artefactos. Los artificieros argumentan que conocen mejor que nadie los artilugios explosivos que desactivan jugándose la vida. Los expertos de la Científica replican que son los químicos los más formados y los que mejores medios tienen.

La batalla entre los especialistas en pistas y los expertos de la lucha antiterrorista «no es un tema baladí». Saber si los terroristas han usado uno u otro explosivo es una información básica para completar unas pesquisas que pueden llevar a «ponerse la medalla» a la Comisaría General de Información, de la que dependen los Tedax, o a la de Policía Científica. «Y las medallas, a la postre, son ascensos, reconocimientos y, sobre todo, aumento de sueldo», apostillan los mandos sin esconder la prosaica condición humana.

Sin estudio científico

Las disputas entre las dos unidades para hacerse con nuevas parcelas de poder siempre han existido, pero las investigaciones del 11-M y del atentado de Barajas han sido las chispas que han encendido un fuego que no cesa.

En el caso de los atentados de los trenes, los Tedax analizaron todos los focos de las 12 explosiones y desactivaron la decimotercera mochila que luego sirvió para encauzar las investigaciones en la dirección correcta. Los artificieros no compartieron esos datos más que con sus compañeros de los servicios de Información. Los 'batas blancas' de la Científica se quedaron fuera; no pudieron acceder a los análisis y se tuvieron que limitar a examinar restos de explosivos encontrados en otros escenarios, como los domicilios de Chichón y Leganés, o vehículos.

Fueron también los Tedax los que elevaron los informes técnicos al instructor del sumario, el juez Juan del Olmo. Sin embargo, estos análisis no eran concluyentes sobre el tipo de explosivo porque no hubo un estudio científico. Y fueron recurridos por las defensas de los acusados. Ahí se dio la vuelta la tostada. La Audiencia Nacional ordenó en enero que fueran los especialistas de la Científica los que elaboraran un estudio concienzudo sobre los componentes de los explosivos, y, esta vez sí, el informe fue aceptado sin reparos por todas las partes del juicio que se celebra en la Casa de Campo. Una decisión que levantó ampollas entre los desactivadores.

El atentado de ETA en la T4, el pasado 30 de diciembre, echó más leña a la hoguera de las disputas, un fuego que ya venía bien avivado por las llamas del 11-M. El 31 de enero, de nuevo los Tedax -«extralimitándose en sus funciones», según los mandos de la Policía Científica- enviaron al juez Santiago Pedraz un informe en el que sentenciaban sin reparos que era imposible determinar la cantidad de explosivo utilizada por los terroristas y, mucho menos, saber «el tipo de explosivo empleado».

Ese documento puso en apuros al Ministerio del Interior, que sólo dos semanas antes había informado, con datos de la Policía Científica, que la sustancia explosiva usada era amonal o amosal cebado con 'hexógeno', un potenciador. Al día siguiente, el propio secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, tras una sonora bronca a los responsables del Tedax, tuvo que enviar una carta a Pedraz para rectificar las informaciones de los artificieros y prometió un informe definitivo de la Científica en el que se afirmaría que era amonal o amosal.

Interior llegó a emitir una nota oficial, considerada por mandos del Tedax como «demasiado fuerte», en la que afirmaba que los artificieros «no son la unidad encargada de la elaboración de los informes relativos a la composición de los explosivos».

No hay un protocolo

Para Maxiniano Correal, portavoz del mayoritario Sindicato Unificado de Policía, la cuestión no está tan clara. Asegura que «no existe un protocolo que defina en qué situación interviene cada unidad y cuándo el Tedax debe abandonar una investigación». Eso sí, sostiene que «todos los análisis deberían pasar por la Científica. No por una cuestión de competencia, sino porque esta comisaría es la que mejores medios posee, no sólo para analizar explosivos sino drogas, ADN o cualquier otra sustancia». El tema es tan delicado que el otro gran sindicato del cuerpo, la Confederación Española de Policía, prefiere no mojarse y se guarda su opinión.

 
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